Conversaciones y los spots

La propaganda electoral y la crítica política se han polarizado. Los partidos sólo difunden mensajes insustanciales y, en muchos casos, soeces; en tanto, los analistas se fatigan denunciando la vacuidad  y exigiendo que la propaganda contenga tesis fundadas sobre la ideología de los partidos y proposiciones razonadas. 

Sin embargo, olvidamos que la comunicación política es una proyección de la realidad social que es un retrato de la cultura popular dominante con sus virtudes y defectos.

Acusamos a los partidos de denigrar la vida nacional con sus señalamientos sobre las trapacerías ajenas, pero no nos percatarnos que tal conducta es una prolongación de las conversaciones cotidianas. 

El lenguaje familiar, social y de trabajo está, lamentablemente, devastado: plagado de lugares comunes, albures gastados, frases hechas y malas palabras cuyo uso y abuso todos defienden como conquista social y cultural, sin darse cuenta que  el  empobrecimiento del lenguaje conlleva al deterioro de la facultad de razonar.

Las platicas entre familiares y amigos en la mayoría de los casos están dominadas por los chismes, la frivolidad, las críticas mordaces y por el empecinamiento sin razones en las propias posturas religiosas o políticas.  

Sin analizar descalificamos con frases hechas a las ideas y a los políticos que creemos son contrarios a nuestra forma de pensar.Así nos privamos de conocer de manera informada a los hombres y a los acontecimientos públicos.

Si de verdad queremos que las campañas tengan contenidos de calidad para la formación de criterio propio, deberíamos empezar por hacer de nuestras conversaciones cotidianas ejercicios reales de razonamiento, comprensión y tolerancia.

José Ortega y Gasset dice: “Bien claro está que las elecciones son, a la postre, mera consecuencia de lo que se platique y cómo se platique. La conversación es el instrumento socializador por excelencia y su estilo refleja las capacidades de la raza”.