Ciudadanía y partidos

Carlos Puig en la conferencia que impartió invitado por Milenio La Opinión, dijo que la vía para la participación efectiva de los ciudadanos en los procesos electorales son los partidos políticos.


Opinan lo contrario los convencidos, con razón, de que los partidos están al servicio de gobiernos o grupos para acceder al poder, legitimar acciones perjudiciales o, en el peor de los casos, son negocios particulares.


Es justificado el desprestigio de los partidos. Sin embargo, son, hasta ahora, el medio idóneo para que los ciudadanos se organicen, participen en las políticas gubernamentales y accedan al ejercicio del poder público.


Por eso, es conveniente ahondar en las causas de la descomposición de los partidos y buscar los remedios adecuados; no conformarnos con la descalificación y menos pensar que la solución es desaparecerlos.


Existe la tendencia de querer sustituir a los partidos por candidatos independientes y organizaciones ciudadanas supuestamente apolíticas.


Pero los candidatos independientes necesitan el respaldo organizado de capitalistas, medios de comunicación, jerarquía eclesiástica y grupos de intelectuales. De tal manera, es ilusoria su independencia.


En cuanto a las asociaciones de ciudadanos dedicadas a enjuiciar las acciones de gobierno para descalificarlas, enmendarlas o avalarlas y que, por lo general, están identificadas con un partido, es evidente que no son apolíticas.


Esas pretensiones antes fueron democráticas, pero en la actualidad es una postura del pensamiento conservador y autoritario. Kelsen afirmó: “Sólo por ofuscación o dolo puede sostenerse la posibilidad de la democracia sin partidos políticos”.


Así, pues, para remediar la pervertida función de los partidos se necesita que la ciudadanía se apodere de ellos y los transforme, a través de la democracia interna, en organismos que establezcan políticas de buen gobierno y posibiliten que accedan al poder público las personas capaces de materializarlas.