Candidatos independientes

En el año 2012 se reformó el art. 35 de la Constitución federal para que los ciudadanos, sin pertenecer a un partido, puedan ser votados para todos los cargos públicos de elección popular. Posteriormente se modificaron las leyes electorales.

En ese contexto, después de casi 70 años, el próximo 7 de junio participarán en los comicios candidatos independientes. 

Para muchos ese derecho significa un triunfo de la democracia que debilita la fuerza impositiva de los partidos. Incluso, ellos consideran insatisfactorias las reformas, por el número excesivo de firmas que los pretendientes a ser candidatos sin partido deben de recabar en su apoyo; por eso pugnan por la flexibilización de las leyes.

Sin embargo, como en otras cosas, a los ciudadanos en lugar de la argumentación objetiva y fundada, nos convencen las frases fáciles y pegajosas de la mercadotecnia electoral, lo que nos priva de preguntar que intereses hay detrás de cada propuesta y de analizar los efectos.

Al respecto, varios teóricos de la ciencia política opinan que en países como México, por su población y geografía, la democracia electoral sólo es posible a través de los partidos. En lo personal coincido con ese postulado. Además, considero que los candidatos independientes son injustificables por los siguientes motivos:

I. El exceso de partidos políticos; II. Servirán a los factores reales de poder; o a los activistas sociopolíticos; III. Son un nuevo gasto público; IV. Si ganan un puesto ejecutivo no podrán gobernar sin el apoyo de un partido; y V. Si ganan una senaduría o una diputación su voto nada podrá contra los grupos parlamentarios. 

Creo que la solución debe encontrase en la democratización interior de los partidos y la reducción de las prerrogativas económicas para que las elecciones dejen de ser un negocio.