El Buen Fin

El Buen Fin fue propuesto por Iniciativa México, organización conformada por diversos medios de comunicación para promover  la participación ciudadana en el mejoramiento social. La iniciativa fue acogida por las asociaciones empresariales, los bancos y el gobierno federal.  Está inspirada en el Viernes Negro y se celebra en noviembre de cada año, antes que el evento norteamericano. La finalidad  declarada es reactivar la economía y el empleo, mediante la oferta de bienes y servicios a precios bajos. Sin embargo, en el fondo es una campaña comercial que reclama la atención y el análisis objetivo para evaluar su conveniencia, la participación de la Secretaria de Hacienda (SHCP), las ganancias de los banqueros y empresarios; y, sobre todo, los efectos inmediatos y diferidos en la economía familiar.Existen imitaciones lógicas y extralógicas: las primeras convienen al imitador porque se ajustan a sus condiciones; y las segundas son dañinas por ser contrarias a la situación de quien las adopta. El Buen Fin es una copia extralógica del Viernes Negro; la sociedad norteamericana es consumista, su economía, en lo general, responde a esa práctica. Al contrario, la mayoría de los mexicanos no tienen capacidad de adquisición.La SHCP alienta la participación ciudadana sorteando premios monetarios entre los consumidores, esa acción constituye un desvío de recursos públicos porque coadyuva a crear una bonanza económica ficticia; a montar un escenario en el que sin producirse más riqueza se hacen mayores gastos; y porque tiene el propósito de fomentar las ganancias de comerciantes y banqueros a costa de la clase media.Lo más lamentable de esa imitación extralógica, es que el gobierno, los banqueros y los comerciantes están conscientes de que mayoría de la población no puede pagar los bienes y servicios ofertados por su precaria situación económica; y para sortear ese inconveniente, el gobierno adelanta el pago de los aguinaldos, y los empresarios ofrecen sus mercancías pagaderas a plazos mediante créditos directos o a través de las tarjetas bancarias. Créditos que lo más seguro es que no se paguen a tiempo y generen intereses.Quienes pierden son los consumidores de la clase media que rebasan su nivel de endeudamiento, pierden su tranquilidad y en muchos casos su capacidad para comprar los productos básicos. El gobierno no debería alentar, eso que algunos llaman, la pandemia consumista; pero sobre todo nosotros, los ciudadanos, deberíamos gastar de manera racional y discriminativa; privilegiando que el destino de los ingresos de fin de año sea el ahorro y el pago de deudas.