Itinerario político

El “voto por odio”

La versión corrió en redes sociales y escaló hasta los artículos de opinión. La versión supone que el PRI perdió la elección en siete estados porque —dicen voces interesadas— el electorado habría rechazado la propuesta presidencial de elevar a rango constitucional los matrimonios igualitarios.

Es decir que, según la nada casual versión, estaríamos ante el inédito más sorpredente de las elecciones mexicanas; el milagro de la detección del voto por odio. Y, de ser cierto el milagro, sin duda los procesos electorales mexicanos estarían entre los más avanzadas del mundo.

Sin embargo, y a despecho de las perversas voces interesadas, lo cierto es que no existe una sola evidencia, un estudio o seguimiento metodológico capaz de probar que el PRI perdió en siete entidades, a causa de la iniciativa presidencial de llevar a la Constitución los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Pero el problema de fondo —en el caso de los matrimonios igualitarios— no es si el PRI perdió a causa de los votos de rechazo a esas parejas. No, el verdadero conflicto se esconde detrás de aquellos que metieron en el debate político electoral el rechazo a las parejas gay. ¿Por qué?

Porque en el fondo —y de manera perversa— tratan de vincular una libertad ciudadana fundamental —como el matrimonio igualitario— con el rechazo político electoral a partidos y candidatos a puestos de elección popular.

Dicho de otro modo, que con el pretexto político electoral, se premia con el llamado “voto por odio” al discurso de odio y a la intolerancia latentes en amplios sectores de la sociedad mexicana.

Y es que cuando se trata de legitimar el voto ciudadano contra las parejas del mismo sexo —legitimación que viene desde la política y desde la jerarquía católica— también se legitima el repudio a la diversidad, se legitima la intolerancia y hasta el llamado “voto por odio”.

Pero el tema va más alla. Vamos a suponer que el repudio a la iniciativa presidencial desató el activismo católico contra los matrimonios igualitarios. ¿Cuántos sacerdotes se movilizaron en arengas desde el púlpito, cuántos violaron la ley y —el dato clave— en cuantos de los 12 estados en disputa los sacerdotes llamaron al “voto por odio”?

Hace días el mundo se estremeció con la masacre de Orlando. Y, a propósito del “voto por odio”, ¿cuál es la diferencia entre el discurso de odio que alimentó al criminal de Orlando y el “voto por odio” que promovieron desde el púlpito no pocos ministros católicos?

¿Nadie será sancionado?

Al tiempo.