Itinerario político

Silencio, simulación y complicidad

Como saben, algunos íconos de las izquierdas mexicanas se localizan en los actos criminales de 1968 y 1971 —del siglo pasado—, cuando fuerzas del Estado reprimieron y masacraron a jóvenes que protestaban contra el poder autoritario, en manos del PRI.

De esos actos represivos —además de otros eventos políticos, económicos y sociales— nacieron las banderas que décadas después dieron paso a la pluralidad, la transición y la alternancia en el poder; pilares que soportan la aún incipiente democracia mexicana.

Lo curioso es que hoy —a pesar de que “próceres” de las míticas izquierdas del 68 y del 71 son influyentes mujeres y hombres de partido—, muchos claudicaron el espíritu opositor y, en una vergüenza de la historia, no solo guardan silencio frente a la represión de gobiernos dictatoriales —como los de Cuba y Venezuela—, sino que son parte de una grosera simulación emparentada con la complicidad.

Es decir, guardan silencio y voltean para otro lado, mientras las dictaduras de Maduro y Castro masacran jóvenes opositores.

Por eso las preguntas.

¿Por qué PRD y Morena —incluso el PAN— guardan silencio frente a los crímenes de Estado de la dictadura del sátrapa Nicolás Maduro? ¿Por qué los “próceres” de las izquierdas mexicanas inventan supuestos o imaginarios actos represivos del gobierno de México, mientras guardan silencio y son parte de una grosera simulación y complicidad frente a lo que pasa en Venezuela?

¿Dónde están hoy los “sesentayocheros” que por décadas enarbolaron las luchas contra gobiernos represores, autoritarios y dictatoriales que masacraban estudiantes? ¿Esos activistas de las izquierdas mexicanas olvidaron las luchas y postulados de las que vivieron por décadas y que los colocaron como “progres” de antaño y los muestran como vividores de hogaño?

¿Será que encontraron su zona de confort en al clásico de inmortal José Emilio Pacheco?: “de viejos son todo aquello que criticaron de jóvenes”.

Pero la vergüenza es aún mayor si ponemos atención en el sedicente más joven de los partidos de las izquierdas —y al que hoy pretenden afiliarse hordas de oportunistas—, que se ha convertido en promotor privilegiado de las dictaduras más depredadoras del mundo: las de Nicolás Maduro en Venezuela y Kim Jong-un, de Corea del Norte.

Por increíble que se antoje, el más joven de los partidos de las izquierdas mexicanas es, al mismo tiempo, el más activo promotor de las peores dictaduras del mundo; y es la casa y la causa de buena parte de los “sesentayocheros” que fueron reprimidos por los gobiernos autoritarios de los años 60 y 70 del siglo pasado. De ese tamaño es la incongruencia y el oportunismo político.

Y el joven partido de las izquierdas mexicanas —como todos saben— se llama Morena, y no solo es el más ardiente defensor y promotor de las peores dictaduras, sino que —según sus propietarios— esos modelos dictatoriales deben ser impuestos en México.

Pero las contradicciones no terminan ahí. Resulta que no pocos de los jóvenes “sesentayocheros” víctimas de los gobiernos populistas y autoritarios del PRI —en los tiempos de Díaz Ordaz y Echeverría—, hoy son ardientes militantes y defensores de Morena; son fanáticos del dictador que se dice dueño de ese partido y hasta se reivindican como defensores de la causa populista.

El mismo populismo represor que engañó y masacró a jóvenes estudiantes en los movimientos del 68 y 71, y que hoy es enarbolado por muchos de esos “sesentayocheros” que —envejecidos y casi olvidados—, aplauden y queman incienso a todo lo que cuestionaron a los 20 años. Vergonzosa decadencia a la que hoy llaman izquierda.

Pero hay algo aún más contradictorio, aberrante y vergonzoso que todo lo anterior, resulta que muchos de los jóvenes soñadores que en el 68 y el 71 fueron reprimidos por los peores gobiernos del PRI y que, por eso, dedicaron su futuro a la política militante, hoy trabajan para la restauración del viejo PRI; trabajan para el regreso del viejo régimen represor y criminal.

Y es que resulta que Morena es el más grande contenedor de la peor basura de la política mexicana, en donde lo mismo tiene un hueso político el locuaz dueño del “partido rojo” —y toda su parentela—, que tienen “chamba” Manuel Bartlett y Fernando Espino, dos de los mafiosos más cuestionados del PRI, sin contar con Ricardo Monreal y decenas de vividores cuya sola mención exigiría un directorio telefónico.

Es decir, Morena es hoy el mismo PRI que reprimió y masacró a los jóvenes del 68 y del 71. Es el mismo partido que quiere en México una dictadura como la de Venezuela. Y es el partido que impulsan los “sesentayocheros”.

¡Ver para creer!

Al tiempo.