Itinerario político

El “descalabro” de Ricardo Anaya

No, no nos referimos a “la alcancía” accidental que sufrió el jefe nacional del PAN en el Senado. No, el verdadero descalabro de Ricardo Anaya será político y es previsible que ocurra en la elección de 2017, en el Estado de México.

Y tienen razón los que dicen que “sin 2017, no habrá 2018”.

Y es que nadie que aspire a ser candidato presidencial puede pasar por alto la elección mexiquense —“la joya de la corona de 2017” y la mayor reserva de votos del país—, y mucho menos puede darse el lujo de perder esa elección.

Perder la elección mexiquense es igual a perder la presidencial de 2018.

Y viene a cuento porque el jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya, no solo ha cometido torpezas y tropelías, sino errores y dislates sin límite.

Por ejemplo, Anaya nunca entendió la realidad del Estado de México; nunca tuvo informantes confiables que le explicaran la importancia de esa entidad y, en cambio, destruyó los pocos cuadros “anayistas” que operaban en el estado.

Y es que con visión e información, Anaya hubiese podido postergar un año la elección para renovar la dirigencia del PAN en el Estado de México —hasta hace poco en manos de Óscar Sánchez Juárez, operador pragmático leal a Anaya—, y cuyo grupo buscó refugio en Moreno Valle.

Y en lugar de cuidar a sus leales mexiquenses, Anaya y su brazo derecho, Damián Zepeda, jugaron el juego de Josefina Vázquez Mota. Es decir, purgaron la dirigencia estatal para favorecer la candidatura de Vázquez Mota.

¿Pero qué pasó? Que la deficiente operación de Anaya y Zepeda terminó en simpática “chamaqueada”. Resulta que el PAN estatal quedó en manos de Víctor Hugo Sondón, experimentado operador político, cuyo “principal pecado” era su cercanía con el alcalde de Naucalpan, Édgar Olvera, hombre de Margarita Zavala.

Como saben, Olvera es un desastre como alcalde de Naucalpan y no solo es un “apestado” en el Estado de México, sino que la ingobernabilidad, violencia e inseguridad son signos distintivos de Naucalpan. Y esa crisis la utilizan el PRI, el PRD y Morena como emblema de la corrupción del PAN.

En el colmo, Olvera apareció recientemente disfrazado de “Albertano” —al parecer alcoholizado—, en una fiesta de Halloween. Todo ello mientras Naucalpan se incendia debido a la inseguridad.

Por otro lado, el nuevo jefe estatal del PAN no es aliado ni de Anaya ni de Olvera ni de Margarita Zavala ni de Moreno Valle ni del viejo panista estatal Ulises Ramírez. Sondón es un político pragmático al servicio del mejor postor.

Queda claro que el PAN mexiquense está quebrado gracias a los desatinos de Anaya. Y es casi un hecho que Josefina Vázquez Mota no aceptará la candidatura —al gobierno mexiquense—, ni por el PAN ni por una alianza con el PRD.

Peor, es posible que el PAN vaya a la elección de 2017 en calidad de “cabús”, en una potencial alianza con el PRD, con un aspirante del PRD-Morena como Alejandro Encinas, lo que —de suyo—, significaría una estrepitosa derrota para Anaya.

Lo cierto es que el PAN de Anaya no tiene candidato al gobierno mexiquense, pero tampoco tiene control del Comité Directivo Estatal Y, para colmo, tampoco tiene segura una alianza con el PRD.

Pero allí no termina la tragedia de Anaya. Resulta que luego de promover el cambio de la dirigencia estatal mexiquense —a través del voto de la militancia—, Anaya intentó imponer el método de “designación” del candidato al gobierno estatal. El resultado fue un desastre. Una mayoría de consejeros estatales votó en contra de que el CEN designara candidato.

De ese modo, la dirigencia estatal del PAN mexiquense tomará la decisión de una alianza electoral y/o un candidato independiente para 2017—, sin tomar en cuenta a su dirigencia nacional.

Y si Anaya pretende una grosera imposición —al estilo del viejo PRI y con los métodos que siempre cuestionó el PAN—, solo provocará una fractura que, al final, destruirá al PAN mexiquense.

Pero si el PAN va a una elección interna, la victoria será de Ulises Ramírez, el más experimentado operador político de la entidad, vinculado a Moreno Valle y con una larga trayectoria como alcalde de Tlalnepantla, senador, diputado local y federal y ex subsecretario de Gobernación.

El “descalabro” de Anaya en el Senado es lo de menos.

En el Estado de México puede perder la cabeza.

Al tiempo.