Itinerario político

¡Tiene la razón Mancera! ¡No es cártel de Tláhuac!

De nuevo la percepción como verdad y como razón periodística. Percepción que atropella la presunción y la confirmación de hechos.

De nuevo el remedo del Hamlet de Shakespeare: “Ser o no ser…”.

Y es que antes que indagar, verificar o presumir —antes llamaban reportear a esa vieja costumbre—, se desató la fiebre de “la percepción” y “la especulación”.

Que si es o no un “cártel” de drogas el grupo mafioso de El Ojos, que opera en Tláhuac; que si solo se trata de una pandilla en crecimiento o —de plano— que si estamos en presencia de un vulgar grupo delictivo grandote.

Y claro que importa la nomenclatura —como importa diferenciar entre la percepción y la presunción—, porque a partir del molde que permite saber la forma y el fondo del grupo criminal, se sabrá el método para perseguirlo y abatirlo.

Cuando muchos se indignan porque Miguel Mancera “presume” que la banda de El Ojos no es un “cártel” que opera en la capital del país —sino que son narcomenudistas—, otros “perciben” que “¡como chingados no…!” son un “cártel” si tiene toda la “pinta” de “cártel”.

¿Es o no es un “cártel”…? ¡Esa parece ser la cuestión!

Sobre todo cuando ya cargaron sobre la imagen de Mancera y sobre sus afanes presidenciables “la percepción” de que algo oculta. “Mentirosillo”, engaña a los ciudadanos al “presumir” lo que toda la sociedad “percibe”: que la capital se inunda con cárteles criminales, más que inundarse de agua en tiempos de lluvia.

Pero vale regresar a los que saben. Dice José Elías Romero Apis que las de Tláhuac —en plural— “son cuadrillas de malandrines dedicados al narcomenudeo y no compañías directivas del narcotráfico”. Es decir, son vulgares “vendedroga”.

El especialista explica que en México, el crimen organizado “lo hemos entendido fundamentalmente como narcotráfico”. Y aclara que el concepto de crimen organizado se refiere “a la estructura de grandes grupos dedicados a actividades ilícitas, establecidas como grandes corporaciones de carácter agropecuario, industrial, comercial y financiero, a través de las cuales se ocultan operaciones financieras”.

Además, la “forma corporativa implica una estructura directiva, cuadros operativos, acervo tecnológico, ciclos de financiamiento, relación con otras corporaciones criminales, programas de expansión, jefaturas de proyectos…”.

Y concluye que en México, igual que en todo el mundo, “el mercado callejero —que es lo que realiza El Ojos— no tiene que ver con la organización rectora” del crimen organizado. Es decir, Tláhuac nada tiene que ver con un “cártel”. (Excélsior, 24/0717).

Otro conocedor, Raúl Carrancá, dice que un “un cártel requiere una fuerte organización con un vasto mercado que derruya fronteras, dependiente del tráfico de drogas y cuyo efecto es la competencia con otros cárteles. Hablo de un amplio mercado sometido a ese tráfico, lo cual no existe en la capital. Es indudable, por supuesto, el consumo de drogas —previo tráfico— a que se haya sujeta una parte de la población, situación propia de toda gran ciudad. De allí el narcomenudeo”. (El Heraldo, 24/07/17).

El siguiente paso es una mirada a los hechos. Tocamos puertas y algunos responsables del operativo en Tláhuac explicaron que se trata —porque sigue viva la investigación— de un trabajo conjunto de meses —que involucra al gobierno federal y al capitalino— que no era la primera ocasión que estaban cerca de El Ojos y que por esa razón —para evitar filtraciones, porque la banda de El Ojos tiene control de la autoridad delegacional de Tláhuac— no participó ninguna autoridad del GDF y menos la policía capitalina.

La punta de la madeja fue la familia de El Ojos y funcionarios de primer nivel de la delegación Tláhuac, algunos de los cuales participan en las actividades de trasiego. Miguel Mancera siempre estuvo enterado del operativo y conoció intentos previos que resultaron frustrados debido a filtraciones que alertaron al objetivo: El Ojos.

Cuando El Ojos pretendía salir del país —para lo cual renovó su pasaporte—, se prendieron todos los focos rojos y se diseñó el operativo para su detención. Por cierto, La Marina Armada participó solo para resguardar el perímetro. Los que llegaron a la casa de El Ojos fueron efectivos federales, que fueron recibidos a balazos.

Se esperaba una reacción aún más violenta, sobre todo por el elevado número de “vendedroga” y soplones de la organización de El Ojos. Por eso, el día del operativo, y las 24 horas siguientes, existió vigilancia especial en las inmediaciones de la PGJDF, la SSP y se cancelaron los actos de Miguel Mancera.

La investigación apunta al delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado, y miembros de su familia.

¿La conclusión? ¡Tiene razón Mancera, el de Tláhuac no es un cártel! Les guste o no.

Al tiempo.