Itinerario político

PRI: ¡sí a candidatos simpatizantes y coaliciones en 2018!

La primera sorpresa fue la asamblea misma; una lucha real, una discusión real, una deliberación real y… cambios reales.

La mesa de estatutos de la 22 Asamblea del PRI —que casi fue pasada por agua debido al huracán que azotó Campeche— le dio la vuelta al viejo partido y lo regresó a los ciudadanos.

Hoy el PRI es un partido moderno, abierto a las coaliciones presidenciales, abierto a los militantes de fuera y a la competencia de dentro, que puso fin al abuso de las plurinominales y que acabó con los vetos a los que vienen de fuera.

Sigue vivo el candado de 12 años de militancia para acceder un puesto de elección popular, pero se inventan los candidatos presidenciales simpatizantes. Es decir, las partes en conflicto se quedan con su golpe.

En pocas palabras, el PRI dio una vuelta de tuerca que lo coloca como un partido moderno, de y para los ciudadanos, en donde la llamada “nomenclatura” se achica para entregar el instrumento político-electoral llamado PRI, no solo a sus militantes, sino a candidatos independientes, sea mediante coaliciones, sea para un externo que no tenga militancia.

Y es que contra lo que muchos suponían, la mesa de estatutos de la 22 asamblea no fue una simulación, tampoco una comparsa y menos “un planchazo”.

Lo constatamos; disputas reales, choques auténticos, deliberación cierta y posturas encontradas que calentaron los ánimos.

También vimos y escuchamos que el viejo partido entendió que en la política mexicana ya se inventaron “el hilo negro” y “el agua tibia”. ¿Y eso qué significa?

Que, como lo dijimos ayer, la mayoría de delegados desecharon “las mamadas” que abultaron la agenda. La disputa se concentró en “poner a tiempo ese viejo motor”, que por años cascabeleó, pasó aceite y dejó que los otros partidos lo rebasaran por la izquierda, para arrebatarle lo mejor de su compromiso social.

Hoy el PRI regresa a los ciudadanos. Acaba con el concepto patrimonialista y se abre a la modernidad de la globalidad.

Con matices y sin ánimo de choque, el PRI escuchó y atendió los reclamos a su interior —muchos legítimos—, porque entendió que son tiempos en los que mandan la unidad, los consensos y la serenidad. No son tiempos de confrontar.

Y es que en el PRI, como en cualquier otro partido político, entendieron que la división, la fractura y la confrontación son “mortales por necesidad”, sobre todo en tiempos electorales. El PRI lo vivió en los años 1988, 1994, 2000 y 2006. Y hoy lo entendió.

Por eso, en la mesa de estatutos, el PRI dio un vuelco que pocos creían y muchos dudaban.

1.- El PRI no vetará a ningún potencial aspirante presidencial, cuente o no con militancia mínima. Y para ello inventó la figura de candidato simpatizante.

2.- Y si preguntan por qué esa impensable fórmula, la respuesta es elemental. Porque la naturaleza de la contienda así lo reclama. Porque el PRI y todos los partidos enfrentarán no solo alianzas y coaliciones, sino el embate de aspirantes independientes y de origen no partidista.

3.- Es decir, el PRI no puede cerrar la puerta —y no lo hizo— al viento de los nuevos tiempos; a fenómenos como  Macron de Francia —y potenciales variantes—, así como no puede excluir la aparición impetuosa de los candidatos externos e independientes.

4.- En esa lógica, el PRI tampoco fue ciego, sordo e idiota frente al riesgo real de un potencial retroceso al pasado o a un salto al vacío que significan el avance del populismo y candidaturas como la de Morena y su dueño.

5.- Tampoco cerró ojos, oídos y talento a potenciales alianzas, como la que “cocinan” los opositores del PAN y del PRD.

6.- Y es que el PRI ya probó los resultados positivos y el fenómeno virtuoso del trabajo en equipo, entre distintos partidos, como el Pacto por México —iniciativa en la que participaron PRI, PAN y PRD—, cuyos primeros frutos positivos hoy tienen a México en ruta de crecimiento y desarrollo.

7.- Por eso, el viejo partido tricolor tampoco olvidó ese reclamo que gravita en buena parte de la sociedad y que algunos han bautizado como el cambio de régimen. ¿Qué es el cambio de régimen?

8.- A pesar de lo que muchos imaginan y de lo que otros quieren ver en esa propuesta, el cambio de régimen no significa el fin de los partidos y menos de sus siglas. ¿Por qué? Porque el problema no son solo las estructuras partidistas —y tampoco las siglas o los colores—, como los hombres y las mujeres que hacen a los partidos.

Hoy el PRI parece haber regresado a manos de sus militantes y de la sociedad.

El PRI está vivo, acaso más vivo de lo que muchos imaginan. ¿Sabrá elegir al mejor hombre o mujer para 2018?

Al tiempo.