Itinerario político

¿No se fugará Duarte?

Resulta ingenuo suponer que Javier Duarte, aún gobernador de Veracruz, no recurrirá al viejo expediente de darse a la fuga y escapar de la acción de la justicia para no rendir cuentas por sus fechorías.

Y es una ingenuidad porque —salvo que Duarte haya pactado un acuerdo político y de control de daños— existen todos los elementos para señalar a Duarte como responsable de distintas pillerías, de las que está obligado a rendir cuentas.

Además, también existe la posibilidad de que el gobernador de Veracruz haya presumido que no se dará a la fuga solo como un recurso retórico. En ese caso, pronto veremos si engañó a los ciudadanos, si ya pactó un acuerdo político o si caerá sobre su cabeza todo el peso de la ley.

Por lo pronto, y si dudan que el “escapismo” es uno de los ejercicio preferidos por los políticos pillados “con las manos en la masa”, no hace falta más que ver al PAN para descubrir que los azules también tienen esqueletos en el clóset: escandalosos ejemplos de corrupción —como el de Guillermo Padrés—, entre muchos otros.

Aun así, Padrés es hoy prófugo de la justicia, a pesar del medio centenar de amparos que promovió.

Pero también sobran ejemplos de simulación justiciera. ¿Se acuerdan del caso Bejarano? Pues resulta que El señor de las ligas fue llevado a prisión —a una celda especial y con todas las comodidades—, mientras que AMLO no fue tocado ni con el pétalo de una rosa, a pesar de que el de Tabasco fue el autor intelectual de las raterías exhibidas por los videoescándalos.

En ese caso la simulación justiciera fue resultado de un acuerdo político en donde el entonces GDF hizo como que impartía justicia, Bejarano hizo como que estaba en prisión y los ciudadanos, todos, hicieron como que creían la “chabacana” justicia.

Por eso, si Javier Duarte cumple la palabra empeñada —de no convertirse en prófugo de la justicia al minuto siguiente que deje el cargo de gobernador—, entonces veremos un notable contraste en el tratamiento jurídico a los emblemas de la corrupción en México; el propio Javier Duarte y Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora.

¿Y por qué un contraste?

Porque mientras el señor Padrés es prófugo de la justicia, Javier Duarte presume que deja el fuero constitucional para hacer frente a las demandas en su contra.

¿Y cómo entender esa suerte de “autosuficiencia” de Duarte?

En efecto, se puede tratar de una idiotez engañabobos, es posible que Duarte crea que no debe nada y, en el extremo, no resultaría descabellado un acuerdo político al estilo Bejarano. Es decir, una simulación de justicia.

Y es que, si no lo habían notado, la cabeza de Duarte puede valer —políticamente hablando— tanto como la posibilidad de que el PRI siga en el poder presidencial luego de 2018. Y, en sentido contrario, se puede convertir en la cancelación de toda posibilidad de rescatar confianza y credibilidad por parte del gobierno de Peña Nieto.

Dicho de otro modo. Si se produce un pacto entre Javier Duarte y las alturas del poder —para simular una sanción ejemplar, como ocurrió con el caso Bejarano—,  entonces veremos a Duarte caminar como si nada, por las calles de México, sin fuero y en espera de una sentencia que podría ser benevolente.

Y es que, contrario a Guillermo Padrés, el señor Duarte litigaría en tribunales lo que muchos ven como una venganza política. Y el circo mediático sería utilizado por el PRI y por el gobierno como castigo ejemplar, al tiempo que los priistas pregonarían que limpian la casa.

Y si duda de la posibilidad de un acuerdo político, vale echar una mirada a las declaraciones que ayer formuló el líder del PRI, Enrique Ochoa, quien dijo que sobre Duarte debe caer todo el peso de la ley.

Esa postura —la de un PRI convencido del sacrificio de uno de los suyos para salvar la imagen del tricolor rumbo a 2018— contrasta de manera notable con la actitud asumida por Ricardo Anayay Guillermo Padrés,quien no solo recurrió a casi 50 amparos para evadir la acción de la justicia, sino que buscó a un abogado que fue titular de la PGR —Antonio Lozano Gracia—, y hasta se encuentra prófugo solapado por la jefatura azul de Ricardo Anaya.

En todo caso, con el tiempo veremos las cartas de Duarte.

Al tiempo.