Itinerario político

¿Es increíble la no reelección de AMLO?

Primero debemos partir de la trampa discursiva que lleva implícita la promesa del candidato presidencial de Morena, de que no buscaría la reelección.

El mensaje de fondo, el que quiere grabar en la conciencia colectiva de los potenciales electores, es el de la fatalidad de su victoria el 1 de julio próximo. Pretende convencer a sus muchos detractores que es inevitable su llegada al poder presidencial. 

Y ahí comete el primer error. ¿Por qué? Porque igual que ocurrió en 2006 y 2012 —donde también pecó de exceso de confianza— hoy el núcleo duro de los votantes anti López Obrador —dos de cada tres potenciales electores— es más duro que nunca, está más radicalizado en su contra y, de manera impensable, esos ciudadanos tienen muy claro el valor del voto útil.

Está claro que el mensaje de la no reelección no va para los seguidores de AMLO —uno de cada tres—, sino para sus detractores —dos de cada tres—, quienes lo ven como un potencial dictador y copia de los sátrapas que con idéntico discurso llegaron para quedarse en Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y, sobre todo, en Venezuela.

También es evidente que, por mandato constitucional, está prohibida la reelección presidencial y que, por su valor histórico, ese postulado es uno de los que parecen intocables. Sin embargo, para un potencial dictador, como AMLO, torcer la Constitución tampoco sería problema, como no lo sería acabar con el fuero constitucional, ordenar juicios políticos y todo lo que gusten y manden.

Por tanto, el problema se reduce a la confianza y la credibilidad ciegas que muchos tienen a las palabras, las ocurrencias y las promesas de AMLO.

Por eso obliga preguntar. ¿De verdad existen ciudadanos sensatos que puedan creer en la palabra de Obrador? Muchos dirán que es congruente entre las locuras que pregona y su quehacer político. Otros creen que, en efecto, hará realidad la destrucción del país.

Sin embargo, la historia confirma que López Orador miente y engaña todos los días y ante todos los auditorios que se presenta, sobre todo miente en temas clave para su ambición de poder. ¿Lo dudan?

1. AMLO faltó a la verdad cuando dijo que cumplía el requisito de residencia en el entonces DF. Consiguió la candidatura a jefe de Gobierno gracias a una negociación política con Ernesto Zedillo. Mintió.

2. Ya como jefe de Gobierno siempre dijo “denme por muerto” para la aspiración presidencial. Mintió.

3. En los previos a la elección presidencial de 2012 pregonó por todo el país que, de perder la elección, se retiraría a su rancho, “La Chingada”. Mintió.

4. Durante décadas pregonó un “juarismo” a toda prueba. Cuando era jefe de Gobierno estableció una vergonzosa alianza político económica con Norberto Rivera, arzopisbo primado de México, y hoy estableció otra alianza con el ultraderechista PES. Juarista de sotana. Mintió.

5. Se dice “maderista”, pero todo indica que AMLO terminará en favor de la reelección. La suya, claro.

Pero la historia también es implacable con aquellos que han instaurado las llamadas “dictaduras democráticas”, es decir, dictadores que llegaron al poder no por un golpe de Estado, sino a través de una elección democrática para luego apoderarse del poder absoluto.  

¿Los quieren recordar?

En septiembre de 2004, el presidente venezolano, Hugo Chávez, negó pretender “perpetuarse” en el poder. “No es cierto que tenga ningún plan para perpetuarme en el poder y la propuesta del diputado Luis Velázquez fue hecha de buena fe, pero no la comparto, no estoy de acuerdo ni la apoyo”, aseguró.

Tres mandatos presidenciales después falleció Chávez, quien no pudo asumir el que iba a ser su cuarto mandato presidencial, desde que llegó al poder en 1999.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, siempre pregonó que nunca quiso ser jefe de Estado, sino que “el pueblo me obligó”. Busca una tercera reelección para un cuarto mandato y quedarse en el poder hasta 2025. Para explicar la contradicción, en entrevista con BBC Mundo, el mandatario hizo un recorrido por todos sus cargos que ha ocupado, “gracias a que el pueblo me obligó”.

Por décadas, el brasileño Lula navegó con la bandera de los trabajadores y la igualdad social. Convenció al mundo “del éxito de su revolución” pacífica, hoy convertida en fracaso. Llegó a la presidencia de Brasil en 2002, después de tres intentos fallidos. Se mantuvo en el poder durante ocho años y hoy, en medio de escándalos por corrupción y lavado de dinero, pretende regresar al poder.

En Ecuador, la Constitución y la Asamblea —el Congreso— no le permitieron reelegirse por tercera vez, aunque el propio Correa había pedido una enmienda a la Constitución para optar por un tercer periodo.

¿Así o más claro?

Al tiempo.