Itinerario político

AMLO: el olor de la derrota

En política, en especial en política electoral, es posible percibir el olor de la derrota. La derrota “se huele”, dicen los sabios de la cosa electoral.

Y en el caso de los comicios en tres gobiernos estatales, el olor de la derrota ya impregna al “partido rojo”, a la Morena de Andrés Manuel López Obrador.

Pero es en el Estado de México en donde los focos rojos de Morena marcan alerta total, ya que el descrédito de su candidata Delfina Gómez ya se “cristalizó” en la conciencia colectiva mexiquense.

Es decir, resulta que la mancuerna AMLO-Delfina dejó de crecer en las preferencias electorales y aparecen signos de que la candidata de Morena no solo llegó a su techo, sino que empieza a perder simpatías. Todo ello mientras que el PRD recupera terreno y votantes, en tanto el PRI se mantiene a la cabeza.

Al mismo tiempo, en Nayarit y Coahuila las candidaturas de Morena van en dirección al despeñadero, lo que a tres semanas de los comicios se confirma como otro de los grandes fracasos del joven “partido  rojo” de Obrador.

Incluso, en Coahuila, el candidato de Morena, Armando Guadiana —empresario minero y ganadero de quien distintas voces aseguran que con dinero negro habría comprado la candidatura de Morena—, es vinculado de manera reiterada con el crimen organizado, según medios locales y alguna prensa de Estados Unidos.

En resumen, que según reputados morenistas, a tres semanas del 4 de junio, en Morena “se generaliza el olor de la derrota”.

Por eso, en lo que parece un grito de auxilio, el viernes y sábado pasados —en Nayarit y Morelos, respectivamente— Obrador lanzó un “ultimátum” a los partidos de izquierda —PRD, PT y Movimiento Ciudadano— para que hoy se sumen a los candidatos de Morena en las entidades donde habrá elecciones o, de lo contrario, no habrá lugar para ellos en 2018.

En Nayarit, el líder de Morena pidió a quienes le han expresado su apoyo de cara a las elecciones presidenciales “que ya empiece a manifestarse” el cariño por Morena.

Pero además, le puso horario y fecha en el calendario a las alianzas.

Dijo: “Si quieren estar conmigo desde ahora, el 4 de junio deben manifestarse”. Además, lanzó una amenaza directa; vulgar chantaje: “Si no hay unidad ahora en el Estado de México, en Coahuila, en Nayarit y en Veracruz, si no la hay ahora, ya en 2018, pues vamos solos, Morena va a ir solo”.

Y es que el tabasqueño reconoció que un resultado adverso en 2017 afectará sus aspiraciones en 2018: “Si el 4 de junio nos va mal en Nayarit, pues nos afecta el 18, ¿cómo dicen que van a estar con nosotros en el 18 si no empiezan ya a ayudarnos?”, advirtió. No conforme, ayer dijo que no engaña a nadie, sino habla con la verdad.

Lo curioso es que Obrador no llama a una alianza. No, en rigor pide la rendición y sumisión de toda la izquierda, a sus pies; exige que toda la izquierda claudique principios, doctrina y, sobre todo, la renuncia al uso de dinero y los spots, para entregarlos sin condición alguna a la causa de Obrador.

El olor de la derrota recorre Morena. Por eso, en un gesto de incongruencia, Obrador llama a una alianza en torno a su proyecto, a pesar de que desde 2012 “mandó al diablo” al PRD y a sus otrora aliados —como PT y MC—, a los que no dudó en calificar de pillos, ladrones, aliados de la mafia del poder y hasta traidores.

Por ejemplo, en septiembre de 2012, Obrador abandonó al PRD, PT y Movimiento Ciudadano, quienes conformaban el Frente Progresista, coalición que lo postuló como candidato a la presidencia en ese año. En aquél entonces, la salida fue —según él— “en los mejores términos” y con un discurso políticamente correcto.

Sin embargo, desde 2014, ya con Morena convertida en partido, quedó claro que la separación no había sido en términos tan buenos. Obrador dijo que salió del PRD porque los amarillos apoyaron el Pacto por México y porque “no es de izquierda el que le da la espalda al pueblo”.

Con los meses, la ruptura se convirtió en antagonismo. En 2015, Obrador criticó la alianza PRD-PAN, en Veracruz —a celebrarse en 2016— y aseguró que ambos partidos “son igual de corruptos” que el PRI. En 2016, el tabasqueño negó que existiera posibilidad de una alianza entre Morena y el PRD en el Estado de México, porque —dijo— el PRD “está ensamblado con el PRIAN y forman parte del mismo grupo”. Y apenas hace un mes calificó la alianza PAN-PRD en Nayarit como “promiscuidad política”.

¿Qué significa que luego de ofender a sus otrora aliados hoy los convoque a una alianza?

El olor a la derrota tiene nervioso a AMLO.

Por eso, el PRD rechazó toda alianza en 2017, mientras que Miguel Mancera, dijo que toda alianza debe hacerse sin condiciones.

La guerra por 2018 apenas empieza.

Al tiempo.