Itinerario político

Margarita Zavala, presidenta

El 14 de diciembre de 2015 —con el título de “Margarita sigue el camino de Fox”— dijimos que la ex primera dama Margarita Zavala tenía todo para convertirse en candidata presidencial del PAN para la elección de 2018.

Señalamos que, según las primeras encuestas, la esposa de Calderón aparecía en competencia real con el aventajado López Obrador —quien tiene más de una década en campaña— e, incluso, en muchos casos se colocaba por encima de aspirantes priistas como Miguel Osorio, Eruviel Ávila y Manlio Fabio Beltrones.

Y no faltaron, hace cinco meses, los que descalificaron el análisis, sobre todo porque comparamos la estrategia que ya asomaba el equipo de campaña de la señora Zavala con la empleada por Vicente Fox, a partir del 7 de julio de 1997, cuando el guanajuatense se destapó como precandidato presidencial, horas después de las elecciones intermedias de ese año en donde, por cierto, el PRI perdió, por primera ocasión, la mayoría en la Cámara de Diputados.

Dijimos que igual que Fox, la señora Zavala abrió sus cartas poco tiempo después de las elecciones intermedias de 2015 y que, incluso, fue más allá de un mero destape. Y es que mandó un mensaje de muchas caras. Palabras más, palabras menos, advirtió que, de no ser candidata por el PAN, sería candidata independiente.

El ultimátum fue visto como una traición, pero en realidad se trató de una maniobra política que hoy —cinco meses después— tiene sentido. ¿Por qué?

Porque la maniobra consistió en no pelear ni dentro ni fuera del PAN por conseguir la candidatura presidencial. No, la idea era seguir la misma estrategia de Fox. Es decir, que por la vía de los hechos —el trabajo político y las encuestas— la candidatura misma pudiera imponerse por sí misma al ánimo de los militantes del PAN.

Hoy, Margarita Zavala es “la figura” no solo entre el panismo del país —y en aquellos estados con elecciones—, sino que es una figura indispensable en los procesos electorales en disputa por el partido azul, sean del grupo que se trate; sean amigos o promovidos por Rafael Moreno Valle; sean amigos del presidente del partido, Ricardo Anaya, o simpatizantes de “los Calderón”.

Pero si bien Margarita es un fenómeno político en el PAN, su imagen es aún más fuerte fuera del PAN. ¿Por qué?

Porque en un escenario de incredulidad en la política y los políticos, en medio del supuesto o real mal humor social del que hablan muchos —hipótesis que, por cierto, aquí no compartimos—, lo cierto es que la figura de la ex primera dama no solo rompe con los estereotipos del hartazgo, sino que se convierte en una alternativa real; alternativa incluso a la rancia figura populista de López Obrador.

Y esa novedad, esa alternativa real para la presidencial de 2018, no solo ya es una realidad, sino que es visible en las encuestas recientes.

Resulta que en todos los sondeos de opinión sobre los presidenciables para 2018 y en todas las combinaciones entre candidatos, la señora Zavala aparece en los tres primeros lugares de preferencia. ¿Y qué quiere decir eso?

Casi nada, que sin hacer campaña formal, sin emplear dinero para la promoción de su nombre y su imagen y sin tener una responsabilidad de poder capaz de catapultar su figura política —o acaso por ello—, la señora Zavala está entre los presidenciables más aventajados, más queridos y más respetados, a dos años de la contienda presidencial de 2018.

Y sería una torpeza mayúscula que en el PAN —en donde no tienen figuras reales— cerraran la puerta a la candidatura ganadora de Margarita Zavala.

Al tiempo.