Itinerario político

¡Falso! ¡No murió Luis González de Alba…!

No lo podía creer. Toda la tarde del domingo pensé que se trataba de un mal sueño.

Por eso, la mañana de ayer, lunes, desde temprano revisé la versión digital del mejor diario mexicano, el más profesional, el de los mejores reporteros, editorialistas, columnistas y directivos.

¡Nada...!

Esperé impaciente la salida del sol y acudí a comprar un ejemplar de la versión impresa del que, sin duda, es el diario que mejor informa; el más completo, plural y profesional… para la izquierda mexicana. En el trayecto de vuelta apuré la revisión.

Infaltable —en un 3 de octubre— la nota de la enérgica protesta por el crimen de Estado del 2 de octubre de 1968, de hace ya 48 años.

La nota principal, el plebiscito al pueblo colombiano que, en un empate técnico en las urnas, rechazó el acuerdo de paz entre su gobierno y las FARC. La cabeza principal, contundente: “Colombia dice sí a la guerra”, acompañada de gráficas que ilustran las dos caras de la noticia: algarabía de quienes no ratificaron el acuerdo y el llanto de los partidarios del “Sí”.

A la derecha de la portada —donde resaltan los nombres de la directora general, Carmen Lira Saade, y del director fundador, Carlos Payán Velver—, el editorial califica el hecho como “una noticia devastadora y como resultado de una campaña de la oligarquía colombiana”.

El negocio del PREP, las prestaciones de los funcionarios del Poder Judicial, la persecución de la PGR a gobernadores corruptos y la campaña de AMLO —ahora de gira en Nayarit— acaparan la sección política. Además, una escueta crónica de la marcha en conmemoración de los hechos del 2 de octubre de 1968, en la que se resalta la presencia de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa y se traen a la memoria sucesos como Acteal, Aguas Blancas, Tanhuato y Nochixtlán. Brillante nota editorializada, en lo más puro del blanco y el negro.

¡Nada..! El líder del 68 no murió.

Y es que si el mejor diario mexicano en la destrucción de la democracia no reporta la muerte del líder estudiantil, si no registra un hecho que el resto de los amarillistas periódicos mexicanos colocaron en sus primeras planas, será porque la muerte no se llevó al activista, que seguro sigue en su casa de Guadalajara muerto de risa, porque los periodistas poco profesionales se tragaron el cuento de su muerte.

Y para estar seguros y no equivocarnos, acudimos a la sección de opinión y columnas. Los mismos de siempre, que dicen lo mismo que hace tres décadas; disertaciones tolerantes, sensatas, plurales, nacionalistas, en defensa de los que poco o nada tienen y de feroz crítica a las mafias del poder.

Y si entre editorialistas, columnistas y opinantes existe unanimidad, es porque el líder estudiantil del 68 no murió. Sin duda una gran noticia que nos vuelve el alma al cuerpo.

Seguro que en el mejor periódico de la peor izquierda quieren mucho al líder estudiantil, a pesar de que ridiculizó públicamente a “Elenita”, por mentirosa, falsaria y plagiaria; a pesar de que exhibió las mentiras y la mafia intelectual de “Carmen” y pese a que desnudó a esa izquierda rapaz y oportunista salida del mejor diario de la izquierda mexicana.

Aman tanto al líder estudiantil del 68 que no mancharon su nombre siquiera con el pétalo de una alusión.

Y es que para el mejor periódico de la rapaz izquierda mexicana, al mejor estilo de las peores tiranías del mundo —la prensa cubana y venezolana—, la realidad no existe cuando la realidad no se publica en sus páginas. Y no se diga la muerte.

Para esa brillante prensa que milita, cuyo periodismo es de causa y de consigna, la muerte no existe si ellos no publican que la muerte llegó por tal o cual; no importa si fundó ese diario; si fue amigo entrañable del director fundador, si ayudó a muchos que hoy no se atrevieron a reportear su muerte o recordar su vida.

Prensa de consigna y mezquindad dictatorial, de venganza, que obedeció la consigna de no mencionar la muerte de uno de sus pilares fundadores, por venganza.

Prensa que hizo el mejor favor posible a Luis González de Alba —al no reportear su muerte y no recordar su vida—, porque con esa soez omisión le da la razón al gran Luis, que seguro vuelve a morir, de risa, con un socarrón: “¡Se los dije!”

Y al brillante periodismo de Carlos Payán y Carmen Lira solo faltó una Rayuela con la consigna. “¡Falso..! ¡No murió Luis González de Alba!”

Al tiempo.