Opinión

Los retos del trabajador

La conmemoración –que no festejo- del día del trabajo tiene sus orígenes en el siglo XIX, con la lucha de los mártires de Chicago, que demandaban una jornada laboral de ocho horas, ya que en aquel entonces los trabajadores permanecían en sus puestos de labor hasta dieciocho horas continuas. 

En México las luchas obreras de Río Blanco y Cananea fueron fundamentales para el movimiento sindical incipiente que pugnaba por obtener derechos laborales a través de la huelga, pero también fueron movimientos sociales precursores de la revolución mexicana y sus demandas populares impulsadas por los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón también inspiradores del zapatismo en el campo.

La alianza de los Batallones Rojos de la Casa del Obrero Mundial, con el gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza, impulsa la aprobación de la primera constitución social y política del siglo XX el 5 de febrero de 1917. El artículo 123 constitucional, reivindica uno de los principales derechos sociales del pueblo mexicano, el derecho al trabajo digno y socialmente útil, además del derecho de huelga, la jornada máxima de ocho horas, el salario mínimo digno y suficiente y la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas. El derecho de asociación y contratación colectiva son en la actualidad los principales instrumentos de lucha de la clase trabajadora.

La promulgación de la Ley Federal del Trabajo, recientemente reformada, hasta hoy, regula las relaciones obrero-patronales y permite de manera tripartita –Estado, trabajadores y empresarios- al construir las relaciones laborales que hoy son garantes de la estabilidad social y política de este país. 

La lucha de los trabajadores en este siglo, se caracteriza por mantener vigentes nuestras conquistas sociales, así como recuperar el poder adquisitivo del salario, promover una economía con mayor justicia social, acabar con la pobreza promoviendo el empleo digno y mejor remunerado así como garantizar con el diálogo social la estabilidad laboral y mejorar la productividad social en beneficio de nuestras familias, coadyuvando al crecimiento de la economía nacional.

La globalización nos obliga a promover un cambio en el modelo económico, a nivel mundial y a nivel nacional, con reglas claras e incentivos fiscales y productivos que permitan la recuperación del poder adquisitivo de los salarios y así recuperar competitividad en el entorno global, fortaleciendo el mercado interno y el desarrollo de las diferentes regiones de México. 

Con acciones como estas y con una gran alianza nacional por la productividad social, el empleo digno y el desarrollo con justicia, es como podremos sacar de la marginación social a millones de compatriotas. Se trata de atender las causas y no sólo de combatir los efectos. Porque contra la violencia, la pobreza y la corrupción que vive el país, la formula es promover la unidad nacional fundada en el diálogo social, el respeto y el trabajo digno apoyados en instituciones democráticas.