Opinión

Los pluris y el partido cartel

Acabamos de conocer la lista de candidatos a diputados plurinominales de los diferentes partidos políticos. El común denominador es que sólo representan a grupos de interés. Si para algo sirve la nominación de candidatos plurinominales es para conocer, a quien sirven los partidos políticos en México. Todos utilizando al partido como trampolín sin importar las siglas o la ideología. Como decía Maurice Duverger que “un político de extrema izquierda está más cerca de un político de extrema derecha que de sus propias bases”.

Cada uno con su propio estilo pero todos cuestionados por los ciudadanos. La realidad es que vivimos la dictadura de los partidos, la partidocracia en su máxima expresión. Como decimos en México, no tiene la culpa Carmen Salinas sino el partido que la hizo candidata, lo mismo aplica a todos los demás, salvo muy honrosas excepciones. Si existiera una ley que obligara a los partidos a democratizar sus procesos de selección y transparentarlos, no habría  necesidad de tombolazos, ni tanto político chapulín. Hoy la clase política en México se recicla en los partidos, pero no tenemos mejores gobiernos.

La crítica a los diputados plurinominales no tiene que ver sólo con el número de escaños que ocupan sino que los ciudadanos no saben para qué son electos, para qué sirven pues. Sí la lista de candidatos plurinominales fuera abierta y no cerrada, los pluris representarían a los electores y no a los partidos, como sucede actualmente, porque los ciudadanos decidirían el orden de los candidatos, lo que legitimaría la representación proporcional y el proceso electoral.

La crisis de los partidos la resume muy bien Juan Carlos Monedero en su libro “Curso urgente de política para gente decente”.

Las principales críticas a los partidos son: “ausencia de democracia interna, fuertes liderazgos;  escaso poder real de la militancia en la toma de decisiones; grandes gastos electorales; difuminación de la ideología; escasa flexibilidad para incorporar las nuevas demandas ciudadanas; escaso margen de maniobra real para defender los intereses nacionales; y finalmente la colusión entre los partidos y los medios. 

Los mexicanos vivimos lo que Monedero denomina el Estado de partidos, cuando estos, dejan de ser paulatinamente parte de la sociedad para convertirse en parte esencial del Estado, así los políticos se convierten en expertos y los partidos políticos actúan como organizaciones profesionales que maximizan sus votos.

La crisis de credibilidad y legitimidad no es exclusiva de un solo partido. Los politólogos Richard Katz y Peter Mair, lo plantean muy bien en lo que denominan la emergencia del partido cartel, al referirse a los partidos modernos. El problema está en el abandono de la sociedad civil por parte de los partidos, al mismo tiempo que el Estado comienza a funcionar como una gran empresa, así los partidos con voluntad de gobierno estarían dentro de lo que se denomina, la cartelización del sistema de partidos.  

La cartelización tiene como condición necesaria, la rebaja ideológica de los partidos que compiten electoralmente con posibilidades de gobernar, o sea que en nuestro país tenemos todavía mucha tela de donde cortar. Nuestra democracia representativa seguirá dando mucho de qué hablar. ¿A poco no?