Opinión

El nuevo PRD

Hace poco menos de dos meses hablábamos en este mismo espacio sobre el doble problema de legitimidad que tiene la nueva dirigencia del Partido de la Revolución Democrática, por un lado tender lazos de cordialidad con las diferentes corrientes que integran al partido, ya que casi tres cuartas partes de los delegados nacionales pertenecen a Nueva Izquierda, por lo que su presidente Carlos Navarrete, tendrá que conciliar con todos para unificar al partido. También hablábamos de reconstruir con sus militantes y simpatizantes una plataforma político-electoral que recupere la credibilidad perdida después de la firma del Pacto por México, en donde su imagen como partido de oposición quedó cuestionada.

La crisis generada por la tragedia de Ayotzinapa, también afecta de manera directa al PRD. La renuncia del gobernador de Guerrero y el encarcelamiento del edil de Iguala, no han sido suficientes para detener las manifestaciones a nivel nacional e internacional, en favor de los normalistas desaparecidos, a pesar de que la dirigencia nacional había ofrecido disculpas públicas y aceptado el costo político y electoral, lo cual tampoco fue suficiente para amainar la crisis.

En medio de esta situación, el Ing. Cárdenas solicitó la renuncia de Carlos Navarrete a la dirigencia del PRD.

Otro de los líderes del PRD, el senador Alejandro Encinas propuso la refundación del partido, compartiendo la opinión de Cuauhtémoc Cárdenas, sobre la renuncia de Navarrete y la necesidad de una investigación profunda a este instituto político y castigar a quienes tengan vínculos con el crimen organizado.

El sábado 22 de noviembre, el Ing. Cárdenas convocó a los integrantes de la Corriente Democrática, fundadora del PRD, para proponer una nueva constitución política “queremos, una nueva Constitución que actualice y amplíe los principios de soberanía, libertades y equidad, pretendemos que regrese la vida institucional con instituciones útiles y dirigentes confiables, comprometidos con las causas del país y del pueblo”, dijo en su mensaje.

La propuesta es convocar a un Congreso Constituyente, que formule una nueva Carta Magna, que sea producto de un nuevo y solido Pacto Social al tiempo de reconocer la crisis institucional, que ha alcanzado dimensiones inéditas en la historia nacional. Este podría ser un importante llamado a recuperar la credibilidad en el país y sus órganos de gobierno desde la oposición. Sin embargo; no habrá eco en la convocatoria del líder moral del PRD, si el partido no resuelve en primera instancia sus propias contradicciones internas y más aun si la izquierda en México continúa luchando por caminos separados.

La disyuntiva histórica que enfrenta el PRD puede ser una oportunidad para salir fortalecido ante el escenario político nacional, que pone en jaque a las instituciones del Estado mexicano y a los partidos políticos por igual y aunque de buenas intenciones esta pavimentado el camino al cielo, no está por demás, seguir buscando alternativas a la solución de los grandes problemas nacionales.