Opinión

El neofascismo

Muchas veces hemos escuchado el término fascismo; sin embargo, siempre asociado a regímenes pasados y europeos, hoy la definición puede volver a ser aplicada a nuestras incipientes democracias.

El término fascismo es un movimiento totalitario de extrema derecha que surgió en el período de entreguerras como consecuencia de algunos rebrotes nacionalistas asociados con el resultado de la Primera Guerra Mundial. Hoy en día el fascismo es condenado por las mayorías, aunque por supuesto siempre existen grupos minoritarios que reivindican este movimiento.

El sociólogo Antoni Aguiló reflexiona en un artículo sobre el renacimiento del fascismo social a consecuencia de la ofensiva neoliberal el cual no implanta un régimen de partido único que sacrifica la democracia representativa. Más bien se apropia de ella (e incluso la promueve) para chantajearla, comprarla, vaciarla de contenido y subordinarla a los dictados del capitalismo.

Se distinguen varias formas de fascismo social, una de ellas el electoral. Que es el predominio de intereses plutocráticos, comerciales y bancarios sobre el Estado, las elecciones y los partidos son usados para aumentar la brecha de la desigualdad y la exclusión. Las elecciones se vuelven un falso ritual para legitimar a quienes han de representar a los ciudadanos. La gente vota, pero no decide, no vota a políticos sino a funcionarios del capital.

Algunos rasgos del fascismo electoral: 1. El poder de los no electos, quienes carecen de legitimidad de representación pero gozan de capacidad de imponer decisiones; 2. Privatización de la democracia representativa,  banalización de la política y las elecciones; 3. Desconstitucionalización, no necesita derogar las constituciones, le basta con no aplicarlas o con ponerlas a disposición de los no electos para que las adapten a sus intereses particulares; 4. Pseudopartidismo, un sistema formado por dos partidos de masas mayoritarios que, a pesar de estar cada uno socialmente deslegitimado, aún cuentan con la suficiente fuerza y fidelidad para someter la soberanía popular a la voluntad elitista; 5. Demofobia, el miedo a la democracia sigue siendo una constante del fascismo electoral, pues no hay peor amenaza para las élites en el poder que la participación popular.

Así mismo también existen tres opciones para combatir el fascismo electoral. 1. Lucha por la democracia participativa. 2. Luchas por una democracia participativa y deliberativa  3. Luchas por la complementariedad social e institucional entre formas de democracia radical y otras modalidades de participación.

De no hacer de nuestra democracia algo más que una democracia electoral como lo plantea el autor estaríamos ante la implementación de un Neofascismo como resultado de las inconsistencias de los gobiernos, emanados de la Democracia Liberal.