Opinión

2015, más cerca de lo que parece

La principal razón de la existencia de un partido político es que a través de él los dirigentes accedan al poder y tengan el control de un gobierno y con ello puedan influir en la economía y en la sociedad. En plena crisis en la que viven los partidos en México, éstos por medio de sus dirigentes y de sus representantes en las cámaras legislativas han tomado decisiones que lejos de acercarlos con sus electores han hecho que los ciudadanos que no militan en ningún instituto político los perciban como inoperantes e inútiles.
A menos de un año del cambio de poderes en la Federación y en algunos estados, los principales partidos políticos se han dedicado a cohabitar con el partido que gobierna mientras que los partidos pequeños se han limitado a ser satélites del partido mayoritario con el que acostumbran hacer coaliciones electorales con el simple interés de participar del reparto de curules y no de construir proyectos de gobierno para sus votantes.
Con unas elecciones federales que parecieran lejanas, los partidos aprovechan para legislar iniciativas, las cuales no son bien vistas por la mayoría de la sociedad, aprobando una mayor carga impositiva, o atentando contra intereses de sectores que contribuyen a la creación de la riqueza económica y social como los trabajadores y los maestros.
La dirigencia nacional del PRI lo sabe y la postura de su presidente así lo demuestra, César Camacho refirió "que nadie se equivoque, que nadie diga que el 2015 lo vamos a ganar a pesar de las reformas; el 2015 lo vamos a ganar justamente por las reformas". Esta es la apuesta del régimen priista que se juega el futuro inmediato basado en los resultados que se esperan con motivo de la aprobación de dichas reformas.
Lo cierto es que el país vive en la incertidumbre política y económica, la cual se encuentra a merced de los intereses de partidos y gobernantes, por eso la importancia del proceso electoral intermedio en que se elegirán diputados.
Las grandes interrogantes que tendrán que responderse a sí mismos los mexicanos son: ¿será que la transición política pueda encontrar en el Legislativo el factor de cambio que no encontró en el Ejecutivo?, ¿será que queramos darle el mandato a nuestros legisladores para desde el Congreso corregir el rumbo de la nación?, ¿será que cambiará el concepto que tenemos acerca de la importancia del Congreso como representante del pueblo?
Hasta hoy la esperanza de mejora del pueblo se concentra en la figura presidencial, pero esa posibilidad sólo se presentará hasta el 2018. ¿Tendremos entonces que esperar al cambio del presidente para definir el país al que aspiramos? o ¿haremos valer nuestro voto en el 2015 para obligar a partidos y gobernantes a voltear los ojos hacia la sociedad mexicana? la respuesta como siempre la tendrán los electores.