Opinión

Volver a empezar


La esencia del sistema político mexicano descansa en la conformación de una república federal, la cual se encuentra constituida por 31 entidades federativas y un Distrito Federal, tal como lo establece el Artículo 40 de la Constitución que dice: "Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental". Así mismo la autonomía del municipio se encuentra enmarcada en el Artículo 115 constitucional, donde se enlistan sus facultades y obligaciones.

El federalismo en México ha ido avanzando, otorgándole mayor participación a los estados y municipios. El gobierno federal había dejado atrás intromisiones directas e indirectas en la vida pública de las entidades federativas.

Sin embargo, hoy pareciera que el centralismo que se vivió en los años 70, en la época del PRI hegemónico regresa, y es a través de las reformas que está impulsando el gobierno de Peña Nieto las decisiones vuelven a concentrarse y dictarse desde el gobierno federal.

Con la aprobación de la polémica reforma educativa el gobierno federal ha creado el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación a través del cual se va a medir la calidad de la educación impartida. La reforma le otorga mayores facultades al gobierno federal y se las resta a los estados, como es el ingreso a la docencia.

Con la Ley de Ingresos, ya aprobada por la Cámara de Diputados la Federación estableció que los estados fronterizos homologarán el IVA del 11% al 16% como el resto del país, dificultando la competitividad de las empresas y de la economía de los estados ya que tienen enfrente a la economía más poderosa del mundo.

Así también existe la posibilidad de la creación de un Instituto Nacional de Elecciones, el cual se encargaría de realizar todos los procesos electorales en el país, y con ello vendría la supresión del IFE, que desde los años noventa había luchado por democratizar el sistema electoral y que logró una legitimidad en el año 2000, con el proceso de alternancia política. Hoy esa credibilidad se encuentra en vilo por los dos últimos comicios en que se eligió al presidente de la República por lo cual el IFE tendrá muy pocos defensores y su sustitución por el nuevo organismo electoral no se ve tan lejana.

Sin embargo, habrá que esperar los resultados de las reformas hacendaria y energética ya que después de resolverse sin duda los partidos opositores y el gobierno federal replantearán sus estrategias de posicionamiento con miras a las elecciones de 2015. No cabe duda que en México la política se reinventa en cada sexenio y la sociedad sólo observa cómo los actores políticos actúan alejados de la realidad.