Opinión

Brasil a juicio 


La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff enfrentó este fin de semana el proceso más difícil de su carrera política, incluso de aquellas dos elecciones en las que salió vencedora para dirigir al país más grande y con el mayor Producto Interno Bruto de Latinoamérica. Enfrentó un juicio político o impeachment, con el que dejará el cargo por 180 días para enfrentar a la justicia de ser aprobado por la mayoría simple de los senadores.

Dilma está acusada de haber maniobrado con las cuentas del Estado para esconder el déficit, retrasando pagos para los planes sociales a bancos estatales; investigada por el financiamiento de la campaña electoral de 2014; y por el escándalo conocido como Petrolão en el que hubo sobornos millonarios a través de la petrolera estatal Petrobras.

Para llegar a esta situación, se conjugaron diversos factores, el descontento ciudadano, la inflación, la pérdida de la moneda nacional en contra del dólar, la crisis del mundial de fútbol, incluso la posible traición de su vicepresidente Michel Temer, quien habría grabado un audio en el que se dirige a la nación ante una hipotética destitución de Rousseff.

Los diputados federales anti-Rousseff festejaban desde horas antes de conocer el resultado final, a decir de ellos, tendrían que enjuiciar a la presidenta por presuntos actos de corrupción; lo cierto es que los mismos diputados se encuentran inmiscuidos en los escándalos de corrupción, así como el mismo vicepresidente, aproximadamente un 60% de ellos tienen juicios pendientes con la justicia.

Lo que puede verse como un juicio anticorrupción, el PT y Dilma consideran que podría ser un "golpe institucional" por parte de la oposición, quien encontró en Temer a un aliado más, incluidos partidos opositores y grupos de interés económico nacionales y extranjeros, que llaman a los gobiernos del PT que ha gobernado por cuatro periodos consecutivos al Brasil como una "dictadura de izquierda". Por cierto las manifestaciones en las calles brasileñas no son motivadas como en Guatemala o en Finlandia después de conocer que su primer ministro se encontraba mencionado en los Panama Papers. Con esto se demuestra que el fondo político es vencer al Partido de Lula y a Lula antes del 2018.

Los legisladores de la Cámara Alta necesitan una mayoría simple, donde con 41 votos de los 80 senadores Dilma tendrá que dejar el cargo.

Lo más preocupante para los brasileños es que sus instituciones están cuestionadas por la sociedad y no existe una figura política o una oposición capaz de reencauzar la "crisis política e institucional" que está en proceso.

No tardaremos en ver los apoyos al impeachment de partidos, grupos y gobiernos de derecha, ahora que están regresando al poder en Sudamérica. En las elecciones del 2018 el pueblo brasileño tendrá la decisión en sus manos del rumbo que quieren para su país.