Muy franco

"Esa voz de Birdman"

La mente es así, no le gusta el cambio ni siquiera para bien el director reventó a sus demonios y lo tenemos en la antesala.

“¿Cómo acabamos aquí? Huele a bolas...”

Así comienza esa voz: “Tú no eres esto, ríndete, regrésate a lo seguro, al que fuiste, al éxito de tu pasado. No te arriesgues. Hazte cirugía plástica y pide perdón. Tú puedes volver a ser ese personaje que dejaba millones. No intentes, no vale la pena.”

El superhéroe vive solo en la cabeza de Riggan Thomson (Michael Keaton), el auténtico héroe. Un héroe imperfecto que tiene que llevar a cuestas su propia humanidad; capaz de lesionar un mal actor para que su obra le salga bien; de dejar a un lado hija, amante y esposa con tal de reinventarse. Un héroe golpeado por una brutal bestia que se hace llamar “crítico teatral”.

Birdman se le aparece, invitándolo a rendirse. La mente es así, no le gusta el cambio ni siquiera para bien. Prefiere lo conocido, lo seguro. El alma cambia, se arriesga, se sabe inmortal y por lo tanto no hay quien la detenga. Esa es la pelea: la mente contra el alma.

Ahora, pongan todo esto en una película y háganla entretenida; conviértanse en un cineasta con las habilidades suficientes para explorar nuevos lenguajes cinematográficos y no pierdan el ritmo ni por un segundo. Hagan un guión al filo de la perfección.

Alejandro González Iñárritu, lo apuesto, tuvo su Birdman: “¿A dónde vas? Quédate aquí, sigue haciendo radio y comerciales, ya sabes cómo, ¿para qué te arriesgas en el cine?” Pero el director reventó a sus demonios y ahora lo tenemos de nuevo en la antesala de los Oscares.

En una de esas dos directores mexicanos se llevan el premio en años consecutivos. Porque González Iñárritu, a través de Birdman, es ya uno de los mejores directores de cine de la Historia. Mis queridos “críticos”: reviéntenlo si quieren, solo se les va a llenar el hocico de bilis.

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