Muy franco

Los "súper parlamen-tarios": soga al cuello

No se va a mejorar el descrédito de senadores y diputados por hacer un cómic. El primer error está en aceptar públicamente que existe una imagen dañada de esas personas y esas instituciones. El harakiri es tratar de resolverlo con estos monitos. Instituciones, expertos y el dinero de nuestros impuestos generaron esta campaña. Lejos de enmendar el error, lo magnifican.

 “El sabio diputado local”. No se ve sabio, se ve viejo. Comete un error básico de comunicación. Si el diputado local es sabio, entonces los otros no lo son. Nadie va a consultar al diputado local por “su sabiduría”; esa es una figura sacada de las caricaturas japonesas que no aplica en una línea de comunicación exitosa.

“El diputado federal Tron”. Usar una marca registrada de un personaje de Disney es promover la piratería, no mejorar la imagen. Muy bien, “tron” es un sufijo que significa lugar y se agrega al final de ciertas palabras: electrón, ciclotrón; pero hubiera dado lo mismo ponerle “el diputado federal Punch”. No significa nada.

“La súper senadora”. La utopía platónica que dice que el gobernante es superior que el gobernado (pero con la moral que lo obliga a protegerlo), no aplica. Las senadoras no pueden ser “súper”, porque precisamente no son superiores, sino pares. Alguien igual que nosotros, que ve por nuestros intereses. Este error es tan básico, que me pregunto quien autorizó esto.

“La increíble mujer interparlamentaria”. Lo único increíble es que hayan copiado la imagen de La Mujer Maravilla para no decir nada. Es solo el colofón del error más grande de comunicación desde aquella campaña fallida de mujeres amamantando que terminó en burla y descrédito para el gobierno de la Ciudad de México.

El país está para cosas serias, resultados, trabajo, no para tratar de tapar el sol con unos monitos. Es por decisiones arbitrarias como ésta que la credibilidad de diputados y senadores está por los suelos. En crítica simple, lo único súper que tiene esta campaña es que es una super Tontería. Les aviso; ahí vienen los memes y el efecto completamente contrario al que querían lograr. 

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