Muy franco

Les guste o no... ¡"Hedwig"!

Desde el sábado estoy obsesionado con la obra musical Hedwig and the Angry Inch. Me conseguí un boleto de esos que no hay: mezzanine al centro, en el Teatro Belasco, en Broadway, para ver una de las últimas funciones con Neil Patrick Harris.

No hay boletos precisamente porque este hombre, ganador del Tony, ya se va. Y mientras, enciende el teatro en puritito rock and roll. Su trabajo y la obra son un homenaje a las grandes divas y divos, a lo mejor del teatro en Broadway y a la historia del rock. Este montaje es un guamazo en la cara para todos aquellos que alguna vez se hayan atrevido a decir que se dedican al espectáculo.

La obra es brutal, hermosa. Estrenada con el legendario John Cameron Mitchell en Off-Broadway a finales de los noventa, se convirtió en un espectáculo de culto. Y cuando la película llegó en 2001 muchos pensaron que vería por fin su merecida fama. Pero no fue así: la película no fue muy difundida y se convirtió también en un trabajo para conocedores.

Ahora le llega su hora. Esta historia de un hombre que para escapar de Alemania Oriental tiene que convertirse en mujer y fracasar en el intento, quedándole entre las piernas una “pulgada furiosa”, es lo mejor de lo mejor que el teatro musical tiene que ofrecer. En unas cuantas semanas Neil Patrick Harris será sustituido por Andrew Rannells, y los boletos dejaran de costar hasta 450 dólares (precio original).

Por cierto, no se pierdan la película. Se renta en línea. Escuchen la música de Stephen Trask, que ya es un clásico. Y por favor, no la monten en México: no hay un solo actor aquí que viva a la altura de este portento creativo.

Serpientes

Para el verano 2014 de Hollywood: ¡no venden nada! Ni los Simios ni los Transformers. Ya no hablemos de la pobre Cameron Díaz.

Escaleras

Para Vicente Fernández. El público no ha dejado de aplaudir y él no ha dejado de cantar. Y vender boletos. Suma dos Auditorios Nacionales más. ¿Cuándo parará? 

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