Muy franco

La gran virtud de "Godspell"

Una generación de seis muy talentosos chamacos. Ellos son la buena nueva y se llaman Gina Castellanos, Joana Domínguez, Mariajose Brunet, Lucía Huacuja, Jacser y Diego Medel.

Godspell está muy bien para este México de hoy, tan lleno de gente corrupta, fariseos y estafadores. Es una obra que en su readaptación a los tiempos nos queda como anillo al dedo. Las elecciones de la directora Lorena Maza son realmente buenas para la narrativa, y más allá de lograr finalmente el sueño de poner juntos al Che y a Jesús en el muro principal de la escenografía, queda claro que si Jesús regresara hoy, lo volveríamos a crucificar.

Aunque en este caso, crucificaríamos un Jesús de gimnasio, porque el actor principal, José Ron, sale como Schwarzenegger. Pero pasémoslo por alto junto con Alex Sirvent.

Concentrémonos en los chamacos. No mencioné a Mayte de Samaniego y Juan Pablo Ruiz porque no los vi. Pero si son tan buenos como los otros seis, tal vez pronto nos acerquemos al ideal del teatro musical: que la obra sea la estrella; que no necesite nombres de televisión. No deja de ser divertido ver a una mujer gritar: “Ron, eres un papacito”, pero solo la verdadera estrella, la obra, refulge.

Mención aparte para Ana Victoria (hermosa voz, imán escénico) y Óscar Schwebel, tal vez el más grande nuevo descubrimiento (en positivo) del teatro musical. Para ellos, aplausos largos.

Y aplausos para Godspell, que revive y parece haber sido escrita para hoy. Gran dirección vocal, gran ensamble de músicos. Yo que ustedes, la vería.

Serpientes

Para el selfie de Adrián Uribe en los TVyNovelas. Mala idea. Lo peor es que Twitter borró el selfie de Ellen DeGeneres en los Óscar. Ahora solo nos queda este.

Escaleras

Para José José y su enorme triunfo en el Teatro Metropólitan. Las 3 mil personas que cantamos, lloramos, gritamos y aplaudimos, sabemos quién es el jefe.