Muy franco

El destino litigante de Felipe Nájera

A Felipe Nájera le ha tocado pasar de ser galán y buen director de escena de telenovelas a una de las voces más presentes en el activismo por los derechos de los homosexuales.

Ahora le ha tocado chocar con la nueva Comisión para la Familia del Senado de la República.

Esta comisión nació desafortunadamente. Al instalarla, el senador panista José María Martínez, su presidente, tomó bandera inmediata contra el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo. Una torpeza brutal, porque además dijo que esas prácticas son “modas” y “tendencias”, y que ahí “reside la importancia de esta comisión”.

Palabras menos, para el senador y su comisión, los homosexuales y las lesbianas no hacen familias.

Una pena. Porque el senado ha invertido una enorme cantidad de dinero en hacernos saber, a través de muchísimos spots publicitarios, que trabajan para todos los mexicanos. Ya ni por estadística, ni por obviedad, ni por costumbres, ni por aceptación se puede negar que los homosexuales, bisexuales, lesbianas, transgéneros y todos aquellos que no son heterosexuales de monografía cristiana forman parte del país y sus familias. Y que han criado, alimentado, educado y formado familias por años. Es solo que ahora se han atrevido a salir a la calle porque ya no los matan. O los matan menos.

Así que Felipe Nájera y su esposo Jaime Morales, después del pleito por la discriminación en los estatutos de la ANDA, subieron el martes a la tribuna del Senado a decir lo suyo. Portando un triángulo de color rosa en la solapa, en una clara alusión a la manera en la que Hitler marcaba a los homosexuales en la Alemania nazi, Nájera y Morales, junto con la senadora Angélica de la Peña, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, exigieron que se diga exactamente para qué fue creada esta comisión.

Me sumo. ¿Para qué fue creada? ¿Para restablecer la dictadura y el odio? ¿Para volver a mandar a los homosexuales y a las lesbianas al clóset? ¿Para restarles derechos? Porque no van a desaparecer. Han estado ahí siempre. Más bien es negarlos, y ya. Y al hacerlo, negarles todos los derechos a ser padres de familia, hermanos, tíos, sobrinos. Solo para eso sirve una comisión discriminatoria, encarnada en el seno del poder.

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