Muy franco

Viven los grandes musicales

Hace muy poco tiempo (diría unos tres años), el productor Alejandro Gou pensaba que los musicales eran demasiado caros para México. Su apuesta es que no se producirían más.

Alex Gou estaba afortunadamente equivocado. Él mismo produjo con gran éxito Spamalot y Hoy no me puedo levantar. Gerardo Quiroz se apuntó un trancazo con Cats y se engolosinó con Shrek y La Era del Rock. Ocesa produjo, ni más ni menos, Wicked y ahora El rey león. Tina Galindo y Claudio Carrera hicieron Los Locos Addams. Guillermo Wiechers y Juan Torres se dejaron ir como gorda en tobogán con La Fierecilla Tomada. Para acabar, el propio Gou está por estrenar El joven Frankenstein, tiene los derechos de Priscila La Reina del Desierto y acaba de lograr por primera vez para un idioma distinto al inglés Billy Elliot.

La suposición de que los musicales estaban resultando impagables se ha ido, afortunadamente, por el caño; principalmente para una generación entera de actores, actrices, bailarines, escenógrafos, músicos, adaptadores y directores de escena que están viendo fructificar su decisión laboral. Pero Gou era razonable: hubo un momento en el que pareció que las luces de Broadway ya no alumbrarían la Ciudad de México. Algo mágico hizo que se diera esta vuelta de tuerca. El momento más impensable ocurrió cuando se estrenó Cats: todos pensábamos que era una locura y todos nos equivocamos: el teatro musical estaba vivito y coleando. Ayer me enviaron, por si fuera poco, el disco de El rey león con el elenco original de México. Es la primera vez que se publica la obra de manera oficial en español y además de ser un orgullo para Federico González Compeán y los artistas, es una señal más de que en México el género no solo no se echó a dormir: creció, decidió madurar y subir un peldaño hacia una competencia mejor con los montajes originales. Sí, en México también hay buenas noticias y como siempre el teatro está aquí para recordárnoslo.