Muy franco

La 'Rolling Stone'

Para la revista es un asunto de cultura pop. Como fue darle la portada al multiasesino Charles Manson en 1970. O a Dzhokhar Tsarnaev, que puso la bomba en el maratón de Boston, que alcanzó ese mismo status en 2013.

A Charles Manson lo entrevistaron en prisión, y el artículo de Tsarnaev fue justificado (según ellos) porque el muchacho tenía "la edad de muchos de los lectores" de la Rolling Stone. En ambos casos, la sensación de muchísimos estadunidenses es la que hoy comparten muchísimos mexicanos: "¿por qué?"

Bueno, para los editores, porque es cultura pop y ya. La Rolling Stone está ahí para decidir quiénes merecen el estatus de rockstar. Estrictamente, Charlie Manson lo es y no es broma: la teatralidad con la que se comportó ese asesino lo convirtió en ícono pop. ¿Terrible? Pues depende de la moral, misma que la Rolling Stone no comparte: la moral es social y la ética de la revista es la crítica a todo lo social. Por eso vende.

¿Periodística? Solo digamos que no es difícil saber por qué la Rolling Stone esperaba que El Chapo aprobara la publicación: es la práctica editorial de Jan S. Wenner. Basta volver a ver la película Casi famosos, de Cameron Crowe, para saber que la revista no publica si antes no hace un "quote check" (revisión de declaraciones) con los entrevistados. Esa política, impulsada por Wenner y su ex colaborador Ben Fong Torres, es una parte esencial de su comportamiento.

Hoy, en la misma semana que murió David Robert Jones, el artista que creó la obra pop monumental llamada "David Bowie", hay que recordar esta canción de Dr. Hook and the Medicine Show:

"(Rollin' Stone...) Quiero ver mi foto en la portada / (Stone...) Quiero comprar cinco copias para mi mamá...(Sí) / (Stone...) Quiero ver mi cara sonriente /. En la portada de la Rollin' Stone...(Esa es una muy muy buena idea)."

Porque el que logra la portada de la Rolling Stone es un rockstar. Más allá de la moral, pura historia editorial.