Muy franco

‘Club de cuervos’

Lo intenté, lo juro. Aguanté y vi. Pero no. Club de Cuervos, la serie mexicana en Netflix, es malísima.

La hace el jet-red-set. Los que salen en la Quién, hablan de “conciencia social” y contratan para todo a Luis Gerardo Méndez. Pero eso no basta. Hay que crear personajes entrañables (que es por lo que una serie funciona o no).

Pero Chava, el personaje central, apesta. Es desagradable, imbécil, molesto. Pero no es bueno en lo que hace. No tiene rumbo ni significado, no retrata nada y ningún televidente se puede identificar naturalmente con él. Es idiotez tras idiotez y situación inane tras otra. Y como los personajes secundarios escasean o desaparecen sin explicación, todo descansa sobre ese horror. Por cierto, el actor se ve viejo para su personaje: cuarentón, no treintañero.

Lo otro es el exceso de discurso... Parecería que quieren escupirnos en la cara cada instante que son “atrevidos”, “observadores”, que hacen chistes de políticos; que no son una telenovela cualquiera y que por salir en Netflix valen más. Pero ni siquiera se preocuparon por hacer un buen casting. Hay actores en la serie que sólo están ahí por amistad o nepotismo.

Ante la prensa, Luis Gerardo Méndez (que quema cada vez más su único personaje) dijo que Club de Cuervos habla de la realidad nacional y vistió de seda a la mona con palabras que no se ven en la pantalla. No por mostrar penes, senos o travestis eres mejor que una telenovela.

Ahora, si no nos gusta, ¿es porque “no estamos a su nivel”? ¿O si la gente prefiere ver 120 episodios de Antes muerta que Lichita, es porque “le lavaron el cerebro”? ¿Por qué no mejor buscar las razones en el hecho de que los creadores de este esperpento no saben nada del mundo del futbol o el negocio del deporte? Tal vez deberían haber visto con más cuidado Rudo y Cursi o Moneyball.

Inserciones publicitarias excesivas y fuera de lugar. Todo el horror de los influencers; nada de la conexión de los populares. Toda la petulancia, nada de la maestría. Club de Cuervos es un petardo disfrazado de seriedad que aburre; un desperdicio de tiempo.