Muy franco

"Birdman" fue "Batman"

Insisto en que detrás de esta transformación, hay algo de la historia personal del cineasta.

Cerramos antes de las nominaciones, pero sería muy raro si hoy jueves Michael Keaton no aparece entre los nominados a Mejor Actor en los premios Oscar.

Keaton, ganador del Globo de Oro, es el mejor ejemplo de que la vida imita al arte. ¿Y cómo no? Birdman, de González Iñárritu, es la historia de un actor interpretado por otro actor. Es el gran juego de espejos.

En su propio proceso de cambio, el personaje es acosado por su pasado, que lo invita a quedarse corto, a no demostrarle al mundo qué tamaño de artista es. El actor lucha entre su historia y su futuro en una batalla a muerte de la que solo uno podrá salir ganador.

Lo mismo en la vida real. Porque Michael Keaton fue Batman. Y Beetlejuice. Y para mucha gente (sin que eso sea justo) sus papeles más “profundos” son aquel de Mi Vida, acerca de un padre moribundo que se graba en video para el hijo que nunca conocerá, y El Inquilino (Pacific Heights), acerca de un sofisticado criminal que destruye la vida de una pareja inocente.

En lo personal, su Dogberry en Mucho Ruido y Pocas Nueces y su papel en El Periódico, me hacían pensar en algo más, pero jamás me hubiera imaginado lo que sucedería: Keaton entre los grandes.

Insisto en que detrás de esta transformación hay algo de la historia personal del cineasta: esa fuerza que nos dice que jamás seremos grandes, que no podemos, que nos quedemos atados a nuestras viejas glorias. Algo del anciano que se queja al final que “en sus tiempos” todo era mejor y algo del que va valientemente hacia lo desconocido. En esa balanza se debate este peliculón que nos enseña que para volar hay que atreverse primero a saltar por la ventana. Y no me refiero, malditos puritanos anti-spoilers del cine, a la historia de la película: me refiero a esta mancuerna de actor y director que hoy, de camino hacia el vacío, encontraron sus alas y se echaron, juntos, a volar.  

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