Muy franco

'Anita'

Hay momentos en los que los dioses del teatro quieren todo y este es uno de ellos. Anita, la huerfanita es el mejor montaje de teatro musical en México de los últimos 30 años.

Ya sé, ya sé... Que si El fantasma, Los miserables, Rent, Wicked y hasta El rey león. Que si este y aquel; que si Quiroz le pegó con Cats y que si a Chuchita la bolsearon. El alma de Anita no tiene medida.

¿Qué salió bien? La escenografía, el vestuario, la iluminación, las pelucas, los maquillajes, la ambientación, la adaptación, el elenco y la dirección, que merece punto y aparte.

Keith Batten, el director, es de tejido fino. No es solo el brillante trazo, son los detalles, las tareas escénicas, y sobre todo el extraordinario sentido de la comedia. Los actores hacen reír con el cuerpo y la voz; emocionan con las miradas, entran siempre justo a tiempo donde hay que agarrarle a la gente ese pedacito de alma por el que pagarían el boleto mil veces.

Es un libro de reglas. Como para sentar ahí a todos los aspirantes a profesionales de la comedia musical y enseñarles: "Así se hace". Con la economía de recursos necesaria, la elegancia y sobre todo la honestidad que no siempre abunda.

Tina Galindo y Claudio Carrera lo merecen; porque vaya que lo han intentado y logrado mantener a flote uno de los teatros más costosos de México. En una localización geográfica donde tan solo el precio de las rentas obliga a triunfar o morir han conseguido poner una tras otra las obras que la gente quiere ver, con enormes resultados. Gracias a ellos, hoy es posible vislumbrar la nueva época dorada del Teatro de los Insurgentes.

Por último, las niñas. No es nepotismo, es genética: las niñas Rubín y la hija de Mariana Garza y Pablo Perroni están ahí porque lo merecen. No me tocó ver a la hija de Kika Édgar, pero me reportan que está extraordinaria. El resto del ensamble de niñas es un acierto consolidado.

Esta es una columna difícil de escribir. Es mucho más sencillo señalar errores. Además, ¿para qué siguen leyendo? ¡Vayan a comprar sus boletos! Porque en cuanto se corra la voz, no va a haber uno y ahí andarán llorando porque no la han visto. No se hable más.