Muy franco

"Amor de mis amores"

"Amor de mis amores" es, con todo y sus comerciales de chocolate, una muy buena película.

Lo admito, me negaba a ver algo hecho por Manolo Caro. Simple prejuicio. Desde hace años, algo de él me suena a hipsters; esas personas que viven en la Condesa y parecen débiles visuales a edad temprana porque todos usan lentes, que se la pasan forevereando con la Gurumayi y creyéndose beatniks, todos cineastas, todos con cámara al cuello, vegetarianos y amantes de los perros.

Puro prejuicio, pues.

Lo que no sabía era que Manolo Caro podía ser un verdadero artesano del cine. Digo la verdad: había demasiado tráfico en Polanco y me metí al cine a hacer tiempo. Y cuando vi que Amor de mis amores era la única opción para el horario, respiré profundo y me metí dispuesto a devastarla.

Craso error, inesperado acierto. Amor de mis amores es, con todo y sus comerciales de chocolate, una muy buena película, con estupenda dirección de actores, verdadero trabajo de guión, casting fenomenal, buena fotografía, ambientación, vestuario… Vaya, es hasta una película revolucionaria para las comedias mexicanas. Me atrevo a decir que es la primera en su género que no es misógina. Su heroína es una mujer infiel, y su héroe un hombre que pasa por encima del machismo.

¿Será real? ¿Habrá surgido la primera generación de mexicanos que por fin superó el odio contra la sexualidad de las mujeres? ¿Existe esta historia en la que el papel del villano le corresponde a aquel que antes podría haber fingido ser víctima (Sebastián Zurita)? Y ¿existen los espectadores capaces de superar el drama telenovelero de la virginidad y la fidelidad como banderas de la mujer?

Por lo menos, existen para esta película. A la gente le está gustando. Por cierto, páguenle el doble al Diablito; por él van a seguir comprando boletos. Finalmente, señor Caro, una disculpa.

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