Muy franco

Los Allen-Farrow: ¡qué bonita familia!

La mayor tristeza es que la respuesta del abogado de Woody Allen provoca un sentimiento de duda razonable. No debería ser así.  Estamos hablando de abuso infantil, y nadie debería dudar de Dylan Farrow, hoy casada y de 28, cuando dice en su carta abierta al New York Times, que su padre adoptivo, Woody Allen, abusó sexualmente de ella a los siete.

Dylan abunda: odiaba a Woody, su trato, su cercanía. Y cuando la puso a ver el trenecito de su hermano a escondidas mientras le hacía cosas feas, fue el colmo.

El abogado de Allen dio esta semana su explicación: inception, memoria plantada por la madre en la cabeza de la niña. Agregó “venganza”: la carrera de Woody está por los cielos y la de ella prácticamente no existe.

La carta de Dylan ataca no solo la persona, sino la carrera de su padre. “¿Cuál es tu película favorita de Woody Allen?”, nos pregunta, como sí eso tuviera algo que ver con sus revelaciones; como si tuviera que sentirme culpable si tengo alguna favorita. Pero no obtiene ese resultado, las opiniones se dividen, las acusaciones vuelan, y los comentarios se amontonan alrededor de un caso que fue juzgado hace más de 20 años.

Hay una víctima, Dylan. No tengo por qué dudar de ella, aunque al mismo tiempo todo apeste a campaña contra la carrera de Woody Allen. Entes de “alta moral”, por su parte, Ronan Farrow y Mia, coatacan, mientras revelan que el propio Ronan no es hijo de Woody Allen y que a la mejor es de Frank Sinatra.

Lección de Hollywood Palitos1, así de simple. Mientras, una niña de siete años parece haber quedado atrapada en la memoria pavorosa de un abuso. Claridad, no hay.

Serpientes

Para Maná. ¡Estoy harto de verlos en anuncios de un concierto patrocinado por el estado de Hidalgo! Si es a beneficio, y tanto iban a gastar... ¡Mejor darle el dinero a los beneficiarios y ya!

Escaleras

Para Joan Sebastian, que “se despide del jaripeo”, y con esa frase nos tiene a todos al filo de nuestras butacas. Bien bajado ese balón.