Muy franco

Abusos y rotondas

Claudia Cervantes abusó de su permiso para filmar un video en la Rotonda de las Personas Ilustres. Ahora la autoridad abusa y le multiplica por 10 la multa.

¿En base a qué? ¿Cuál es el criterio para aplicar una multa posterior al acto? Claudia Cervantes y su empresa, Claos, deben pagar lo que correspondía en el momento de cometer el abuso, no después de que la multa ha sido modificada. Subirla puede estar bien, pero para todos los que después de ella hagan una estupidez semejante. Porque preocupa que la gente haga lo que quiera, pero también es sobrecogedor que la autoridad sobrepase sus funciones al gusto y antojo de alguien.

En pocas palabras: me paso un alto, me ponen una multa. Después cambia el monto... ¿Y me quieren aplicar el nuevo monto? Explíquenme el criterio. Porque a simple vista, no hay ninguna legalidad que sustente semejante atropello, mucho menos en base a una “recomendación”. Por muy criticable que haya sido la estupidez y el abuso que cometió, Claudia Cervantes hará bien en apelar hasta el amparo, que hoy por hoy vuelve a ser la figura más importante de nuestro sistema judicial.

El amparo. Figura mexicanísima de la justicia contra el abuso de poder; invento yucateco para proteger a las personas “contra las providencias del gobernador o Ejecutivo reunido” es nuevamente vital en esta nueva vieja realidad que vivimos. Al amparo recurrirán los cirqueros, contra los que se está legislando en base a un libelo. Y al amparo debe apuntar el juicio civil que debe emprender la señora Cervantes, si decide correctamente pelear la imposición de una multa muy distinta a aquella que la que la ley proveyó en tiempo y forma.

Y no se trata de quién abusa de quién. Se trata de algo mucho más significativo. Porque si nadie hace nada, van a regresar los tiempos en los que nadie podía defenderse de la autoridad excesiva. Claudia Cervantes debe ser multada. Y sí, suban la multa, pero no para castigar ejemplarmente a toro pasado. O como dijo Juvenal: “¿Quién custodia a los custodios?”

Hablen, juristas. Y sean escuchados. 

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