Vivir como reina y gastar como plebeya

Sobre la ola fintech (columna especial Anuario 2016)

Este fue un año para entender la economía colaborativa y darle peso a las finanzas digitales. 


La forma como manejamos los recursos que tenemos ha cambiado. Nuestro auto puede convertirse en un medio extra de ingreso gracias a una aplicación, invertimos y ahorramos desde el celular y hasta conseguimos dinero para un nuevo negocio por medio de plataformas en la red.

La economía colaborativa es la cuarta revolución industrial, o por lo menos así se habló de ella en Davos en el Foro Económico Mundial.

En México la economía colaborativa creció, no por nada la Ciudad de México es la número uno de negocio para Uber en el mundo. En el área financiera de la economía colaborativa sucedió lo mismo y México se le reconoció como el hub de las finanzas digitales, como dijo Camilo Téllez, jefe de investigación de Better Than Cash.

Hoy trabajamos, emitimos facturas, hacemos transacciones de pago y recibimos dinero remotamente. Este 2016 se acentó en México la importancia y el poder de las finanzas digitales y, por lo tanto, la industria fintech.

En 2015 se invirtieron unos 40 millones de dólares (mdd) en la industria financiera tecnológica en México, según datos de Latin American Private Equity and Venture Capital Association. Hoy hay más de 150 empresas en este ramo.

Uno de los grandes beneficios de que el dinero viva en lo electrónico es que se hace más sencilla la inclusión financiera. Un punto para emocionarnos por sí solo.

A donde no llega la sucursal de un banco, puede llegar una app móvil que permita a un pequeño comercio cobrar con plásticos, abrir cuentas de banco y hasta pedir financiamiento. Este ha sido un nicho que desde julio de 2016 aprovechan con una alianza Bankaool, un banco en línea, y KiWi, empresa de soluciones para pagos con plásticos.

Pensando en el largo plazo los beneficios son interesantes... Los servicios financieros digitales impulsarían el producto interno bruto (PIB) de México por 90,000 mdd, lo que sería un incremento de 5% para el 2015, según un nuevo reporte de McKinsey Global Institute titulado “Digital Finance for all: Powering inclusive growth in emerging economies”.

¿No está mal o sí? Sobre todo si pensamos que esto se traduciría en 2 millones de empleos y mayor productividad de las empresas y gobiernos. Por cierto, en cuanto al tema de inclusión financiera, las finanzas digitales podrían conseguir que 46 millones de mexicanos tuvieran acceso, por primera vez, a servicios financieros. Esto es importante cuando pensamos que 60% de los adultos en México no tienen una cuenta bancaria.

Este es el potencial de las finanzas digitales y en ese camino vamos. Uno de los ejemplos que lo prueban es la ronda de inversión de 7.5 mdd que recibió kubo. financiero, un portal en línea de créditos persona a persona, en agosto. La ronda de inversión la lideró el fondo internacional Bamboo Finance con participación de Endeavor Catalyst.

El escenario no fue solo optimista. En octubre de 2016 llegó el primer caso de fraude en las  fintech que pegó a toda la industria y hace más obvia la necesidad de la regulación que sigue en los escritorios de Hacienda o Banco de México.

El caso fue el de Foodies, un proyecto que entregaba insumos a restaurantes, que realizó crowdfunding por medio de la plataforma colectiva Fondeadora. Foodies vendió acciones para levantar capital por 1 millón de pesos y luego desaparecieron con el dinero de los inversionistas. 

La realidad es que muchas de las empresas de esta industria fintech no son instituciones financieras, y no hay reglas claras, por la pendiente regulación. Este es el reto para 2017, que dentro de las varias historias de éxito no haya ni una de pérdidas.

Las empresas fintech han llegado para quedarse, México está listo para ellas, pero para tener un poco de certidumbre, sobre todo para los inversionistas y ahorradores mexicanos, la regulación sí tendrá que salir pronto. 


@vivircomoreina