Articulista invitada

¿Vender arte público?

Las obras de creadores urbanos como Banksy y BLU, que fueron realizadas para el disfrute y la reflexión de las comunidades, ahora han pasado a convertirse en  mercancías que se cotizan muy bien en el mercado para el goce privado.


A la vieja usanza de los funerales de barrio, la banda sonora entona un tipo de música que une la vida y la muerte. La despedida es hacia un mural gigante, pintado años atrás en el costado de una fábrica antigua en Bolonia, Italia, por el artista urbano BLU.

Los músicos salieron espontáneamente, en tenis y zapatos de goma, sin más gala que sus trompetas, saxofones, tambora y trombón, a expresar lo que ya se ha dicho: el street art salva vidas y es parte de la comunidad.

Paradójicamente, quien eliminaba el mural a punta de cincel y pintura gris no era la autoridad municipal, sino el mismo BLU acompañado de algunos amigos. Y no solo borró ese mural: hace unas semanas BLU (el  ahora reconocido BLU, de quien, como todo buen artista de la calle, se desconocen más datos) borró todo lo que había realizado en la ciudad de Bolonia a lo largo de 20 años.

La acción no es una venganza contra su amada comunidad, claro que no. Fue la respuesta que dio a la exhibición que se realiza actualmente —y hasta mayo— en el Palacio Pepoli de Bolonia. Una exhibición de street art que incluye pedazos de muro reales extraídos de su contexto original.

La exhibición se titula Banksy & Co., porque incluye muros de ese artista urbano inglés.

La mayoría de lo que ahí se muestra son obras que fueron hechas ex profeso por artistas urbanos para ser vendidas a particulares, pero la rareza y polémica propuesta de esta exhibición son los pedazos de muros que fueron pintados años atrás, de manera anónima, ilegal y gratuita, por los ahora reconocidos artistas Banksy y BLU, y que recientemente fueron comprados a los dueños de los predios donde se encontraban.

Digamos que el coleccionismo de arte ha ido un paso más allá en su interés por el street art.

La primera vez

Comprar al dueño de un predio el pedazo de un muro grafiteado sucedió por primera vez en el año 2013. La imagen era una pinta que Banksy había realizado en el muro de una tienda de ocasiónal norte de Londres. Como toda obra del artista urbano que se descubre en suelo inglés, la imagen estaba protegida por una mica. Banksy es parte de la historia cultural del Reino Unido hace ya algunos años.

La imagen se conoce como Trabajo esclavo, y es la figura de un niño cosiendo a máquina banderas de Reino Unido; la imagen medía más o menos un metro cuadrado.

Al día siguiente de la desaparición del pedazo de este muro, se generó tal conmoción en la comunidad que se realizó una investigación inmediata para encontrarlo. La pieza se había puesto en subasta en Estados Unidos, y solo gracias a las gestiones se detuvo el proceso y se regresó a territorio inglés. Finalmente fue subastada ahí. La transacción de compra al dueño del predio había sido perfectamente legal y no había impedimento para venderla.

En 2014 se repitió esta práctica, pero ahora con nueve pedazos de muros pintados por Banksy. Con ellos se realizó la exhibición Stealing Banksy? (¿Robando a Banksy?) en un hotel de Londres. La exhibición duró tres días y tuvo acceso público mediante la compra de un boleto de 17 libras; al cuarto día las piezas fueron subastadas de manera electrónica. El grupo inversionista declaró que las ganancias serían donadas a instituciones de beneficencia.

Sobre esta situación Banksy emitió una opinión muy sencilla y con cierto cariño a través de la red:

“El arte del grafiti ya tenía de por sí una vida bastante difícil —con trabajadores municipales queriendo quitarlo y niños queriendo pintar bigotes en él— antes de que llegaran los fondos de inversión a quitarlo con picos para luego colgarlo sobre sus chimeneas...

“Por el bien de mantener el arte de la calle donde pertenece, me gustaría animar a la gente a no comprar nada por nadie, a menos que se haya creado desde un principio para la venta”.

Hoy, la práctica de comprar y extraer muros de su contexto original llegó a Bolonia y afectó el trabajo del artista BLU, al que se conoce como el Banksy italiano. Obviamente afectó también a la comunidad que goza de sus murales día a día y de manera gratuita.


Cosas de la cultura popular

Hasta ahora, el mundo formal del arte y el street art se han retroalimentado en armonía. Un gran ejemplo de ello es el NuArt Festival de Noruega, que a través de sus 16 años se ha convertido en el encuentro de street art más reconocido a escala mundial, tanto por los artistas urbanos como por el mundo formal del arte.

Sobre esta armonía y la polémica que plantea la compra de muros pintados, Martyn Reed, artista y fundador del NuArt, opina en el catálogo oficial de la exposición del Palacio Pepoli:

“El street art existe y prospera a pesar de las instituciones... Centrarse en estos casos individuales [de extracción y venta de muros] es una distracción, corremos el riesgo de socavar el poder real de la cultura con la que estamos comprometidos. Hay una infinidad de formas en las que un museo o institución puede apoyar esta cultura...

“El exceso de festivales de street artoficiales, la proliferación de libros mundanos sobre street art, la creciente necesidad de los académicos para enmarcar la cultura en un contexto histórico del arte, la implementación de murales en partes turísticas de las ciudades, o el uso del street art confundido como producto: esto sirve para separar el arte de la calle” (agradezco a Martyn Reed el acceso al texto).

Al borrar el trabajo de 20 años en Bolonia, BLU dio un paso para la reflexión colectiva. A nadie le interesa juzgar su respuesta de infantil o radical. BLU solo salió, probablemente, con el mismo ímpetu que una noche le impulsó a salir de su casa por primera vez con un aerosol escondido bajo el brazo, con la decisión de hacer algo en grande, una pinta en el barrio. Un chico reconocido y respetado al que se acompaña en las buenas y en las malas, esta vez, en la destrucción de su propia obra como protesta contra la venta particular de lo que fue concebido para estar en las calles, a la prueba del tiempo.

El mundo del street art enfrenta un nuevo momento, y la comunidad delineará qué sigue. Al menos, con todos estos sucesos, la historia del arte ya podrá decir que la gente de los barrios se convirtió, en conjunto, en los curadores día a día de una de las expresiones artísticas más codiciadas de la época. En materia estética se dirá que el barrio resultó más exigente de lo que se creía.

Y en Bolonia, una banda sonora de barrio se apresuraba a sacar sus instrumentos al saber que BLU estaba borrando su mural. Esas cosas de la cultura popular.