Re-incidente

La semana laboral “corta”

Una antigua fórmula aritmética reza que “el orden de los factores no altera el producto”, no obstante, en este caso sí se altera y mucho. Independientemente de quien le haya escrito su disertación al audaz personaje que en sus tiempos mozos destacaba por ser “mezcla de burro con bestia” —a decir del círculo de inmigrantes libaneses que lo conocen desde ese entonces, y que después llegaría a ser uno de los hombres más ricos del atribulado planeta Tierra—, y que ahora se distingue por su incapacidad para hablar en público sin seguir un libreto prefabricado, como simple vocero de innombrables sujetos, al plantear la posibilidad de “mejorar la calidad de vida” primero y luego argumentar que el tiempo libre serviría para el “esparcimiento” y enseguida agregar que también para “capacitarse y buscar mejores puestos”, trata de usar el muy viejo truco de la zanahoria al hablar de tiempo dedicado al esparcimiento que se traduciría luego en pagar por cursos de “actualización”, diplomados y seminarios de formación continua.

Lo peor no es la estúpida idea de una semana laboral de ¡Tres días de 11 horas a la semana! (¡Qué Dios nos agarre confesados!, como diría mi abuela), sino el abogar por institucionalizar unas prácticas ya existentes. ¿A qué nos referimos? Simplemente a aquello que hacen los indocumentados en los Estados Unidos: trabajar en dos empleos de baja remuneración para llegar solamente a descansar, ahorrando así para enviar dinero a la familia y permanecer invisibles a la “migra”. Naturalmente y como es bien sabido, esos ritmos agotadores de trabajo no son durables ni aptos para todo público, solo para los jóvenes y por unos meses. Es también la lógica de los “mini-jobs” inventados en Alemania. Vemos así que quien hace tal propuesta no solo es audaz sino además poco original.

Jornadas extenuantes solo sirven para empleos de baja calificación e ínfima remuneración. Pero eso no es lo peor ni lo más desafortunado de tal iniciativa. ¡Agárrense! Tan altruista y visionario planteamiento para mejorar la calidad de vida en México pretende que los “trabajadores jóvenes tendrían más oportunidades para incorporarse al mercado laboral, lo que beneficiaría a la economía y los mercados financieros”. Pero me pregunto: ¿beneficiaría a la economía de quién? La propuesta de tan humanitario hombre de empresa también contempla pasar la edad de jubilación de 65 a 75 años. ¡Plop!

¿Se imaginan un escenario semejante? Trabajar 11 horas al día, asistir los siguientes días a cursos de actualización, capacitación o lo que ustedes gusten, para conseguir un trabajo que permita pasar de un salario ínfimo, ¡perdón! ¡Un salario mínimo! a otro de dos fabulosos salarios y así hasta llegar a los 75 años de edad. Es semejante al caso de poner a la abuela a trabajar ya no solo como institutriz casera y empleada doméstica, sino ahora tal vez hasta de “teibolera” para “optimizar” su desempeño en otro horario.

Es evidente que detrás de propuestas semejantes está el intento no solo de dejar buena parte de los procesos de formación profesional en manos de los particulares, sino además de desaparecer el esquema de pensiones. ¿Cuántos años van a sobrevivir los mexicanos que felizmente lleguen a jubilarse? Evidentemente, la ignorancia es atrevida. Todos los estudios recientes de sociología y psicología del trabajo coinciden en que la productividad es inversamente proporcional a la jornada laboral, cosa que parece desconocer el prominente personaje que propone figuras laborales tan obesas y calvas como él mismo. También desconoce planteamientos como los de Richard Branson, principal propietario de Virgin Group, quien pronto estará haciendo competencia con una de sus empresas a los nefastos sistemas de comunicación telefónica mexicanos, quien ha expresado: “Si trabajar de 9 a 5 ya no funciona, ¿por qué deberíamos restringir las vacaciones anuales?”. Las nuevas políticas laborales de gigantes como Daimler son resultado de investigaciones que la empresa realiza con psicólogos de prestigiosas universidades como la de Heidelberg, para tener herramientas que mejoren de manera realista el balance entre el tiempo laboral y el personal de los empleados. Volkswagen por su parte, desde finales de 2011, limita el envío de mensajes a sus empleados que están fuera del horario laboral. Este mecanismo anti stress laboral, primero se aplicó a mil trabajadores, pero excluía a directores y mandos medios. De manera que, una vez concluida la jornada, ni mensajes de texto ni correos con asuntos de trabajo se transmiten.

En resumen, asuntos como la remuneración del trabajo bien realizado y la productividad no pueden determinarse solo por las altruistas opiniones de prominentes personajes; deben ser producto de estudios laborales y económicos serios. Los lugares del trabajo creativo y con repercusiones sociales como el de las instituciones de educación superior, no pueden ser escenarios de conflicto, de resentimiento, ni lugares de reclusión de estudiantes ni catedráticos, no deben ser ámbitos donde se privilegie la lealtad política a la calidad del trabajo. Estos recintos deben ser sitios de avanzada y no de enquistamiento de intereses personalistas ni mezquinos donde se sigan directivas políticas, más que científicas o académicas.

Mariano Torres Bautista