Re-incidente

Cuando salí de la Habana 'válgame dios'

Dentro de ese gran ciclo, la revolución cubana ocupó un sitio especial. Cuba fue el único país de América ganado para la causa moscovita. Tal vez el encanto aventurero de un ruso simpático y bravucón llamado Nikita (bufón, heredero y detractor del "padrecito Stalin", así llamado por el proletariado ruso) sedujo a los jóvenes revolucionarios cubanos, "les abrió los ojos" ante la privilegiada posición de la isla en el Caribe y el Golfo de México, les brilló la luz de un subsidio ilimitado para que pudieran jugar a los experimentos sociales mientras el Kremlin movía sus bazas geoestratégicas. Los viejos fusiles de la guerrilla en los tiempos de la Sierra Maestra se convertirían en el paraguas nuclear soviético.

Los egos también jugaron intensamente su parte en esta historia. Junto a las promesas del año 59, paralelamente pasó a la formación de una "comisión depuradora" para hacerse cargo de juicios sumarísimos y paredones de fusilamiento.

La experimentación social jugaba con el ensueño de las masas: "Tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano superior al de Estados Unidos y al de Rusia" (Fidel Castro 16 de febrero de 1959); "En 1970 la isla habrá de tener 5 mil expertos en la industria ganadera y alrededor de 8 millones de vacas y terneras... Habrá tanta leche que se podrá llenar la bahía de La Habana" (Fidel Castro 23 de agosto de 1966); Seremos productores importantes de carne para los mercados del mundo, en cantidad y en calidad, seremos productores importantes de cultivos tropicales, y en cítricos nos colocaremos entre los primeros países del mundo, lo mismo ocurrirá con el café y con el plátano fruta y con la piña" (Fidel Castro 1 de febrero de 1968).

Igual prometía con la avicultura, los diez millones de toneladas de azúcar y cuatro millones de toneladas de miel, y más: "Cuba, en un breve tiempo se convertirá en un país exportador de petróleo" (Fidel Castro, 18 de junio de 2008). En la actualidad, la industria azucarera se encuentra en ruinas y el Estado sobre-explota el trabajo al quedarse con el 90% de los salarios de los trabajadores en empresas extranjeras en Cuba y de los médicos que envía a otros países.

Se le dijo al pueblo cubano que en él se daba la gestación de un "hombre nuevo", suma de todas las virtudes, por lo cual era necesario incendiar Latinoamérica y otras partes del "tercer mundo" con dos, tres, muchas guerras como la de Vietnam para liberar a las personas de la opresión y la explotación.

Fascinados por el colorido discurso y el tono de épica triunfante, con sus relatos de hazañas, de héroes que representan los ideales históricos de una clase y de toda una sociedad, de "un pueblo", la intelectualidad progresista o de izquierda, multitud de artistas, escritores, jóvenes universitarios y muchas otras personas extasiadas ante lo que imaginaban también como su "futuro luminoso", se negaron a ver la upresión de hecho, en Cuba, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales básicos con los que deberían contar todos los seres humanos del mundo que se consideran normas de derecho consuetudinario internacional y sirven de modelo para medir la conducta de los Estados.

En el año 2010, en respuesta a un periodista estadounidense de nombre Jeffry Goldberg, acerca de la exportación del "modelo cubano", Fidel Castro declaró: "El modelo cubano ya no funciona ni para nosotros". Cinco años después de esta declaración y cincuenta y tres de la anti-imperialista Segunda Declaración de la Habana, la bandera del imperio vuelve a ondear en esa ciudad entre aplausos, mientras la "familia revolucionaria" intenta el regreso a la economía de mercado instaurando otro modelo con patrones y dinámicas de producción y consumo puramente capitalistas, basado en la sobrexplotación de la mano de obra y los servicios profesionales, con salarios miserables.

Adiós a El Capital y retorno al capitalismo de compinches resultó ser el despertar de aquellos regueros de nobles sueños y reales pesadillas. De los primeros sobreviven la educación, la medicina y el deporte universales, necesitados de urgente rescate y mantenimiento; de las segundas, las políticas castrantes del Estado autoritario, policiaco, que aferrado al poder tratará de contener y encauzar un tsunami de entusiasmo consumista para evitar que se transforme en avidez de libertades democráticas.

Finalmente, y como lo dicta el refrán comunista chino: "no importa el color del gato, lo que importa es que atrape dólares". Tal vez la peor secuela del ciclo de la revolución cubana sea ese crepuscular ensayo totalitarista en Venezuela, que día a día se asemeja más a un relato contado por un idiota, lleno de ruido y furia. En Venezuela, el presidente de la República Bolivariana jura haber recibido, estando a solas, un mensaje de ultratumba directamente del Gran Caudillo del Siglo XXI transfigurado en un "pajaritico así de chiquitico" que en su piar, correctamente traducido, le mandaba seguir adelante, sin descanso y desde entonces se empeña en degradar la economía, la política y envilecer a los ciudadanos como método para someter a la nación a un grotesco simulacro de revolución llamada socialismo del siglo XXI, un revoltijo de ocurrencias, mitos y refranes populares que no alcanzan para ocultar la corrupción desenfrenada y la bancarrota del país.

Eduardo Garduño