Re-incidente

La ritualización de la historia

Los rituales cívicos re-construyen los hechos históricos como acontecimientos “devocionales” y a los sujetos históricos como hombres “consagrados”. Estrategia ideológica del nacionalismo de estado que es la “Religión de la Patria”.  Conmemorar para dominar es el moderno artificio.

Fue en 1813 cuando Morelos en Sentimientos de la Nación inventó una tradición que hasta nuestros días persiste: estableció el 16 de septiembre de todos los años como el aniversario del inicio de la “Santa Libertad”(González-Reyes, 2013). Con ello, la conmemoración sobre la lucha de independencia nacional principió su largo proceso de consolidación en ritual cívico, ahora con marcados tintes mercantiles y de espectáculo público.

En México, el calendario cívico es amplio porque una forma de relacionarse con el pasado es a través de celebraciones cívicas, las cuales son promovidas por el estado mexicano. No hay estado y sociedad sin rituales. El estado-nación requiere de ellos para consolidarse como polo dominante; los crea, fortalece y promueve: Día de la Constitución, Día de la Bandera, Aniversario de la Expropiación Petrolera, Natalicio de Benito Juárez, Aniversario de la Muerte de Emiliano Zapata, Aniversario de la Batalla de Puebla, Natalicio de Miguel Hidalgo, Informe Presidencial, Día de los Niños Héroes, Aniversario de la Revolución Mexicana, etc.

Los “mitos nacionales” son interpretaciones de eventos históricos que transmutan, en sucesos fundacionales como aquel que: “en la madrugada del 15 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores, el cura Miguel Hidalgo y Costilla hizo sonar las campanas de la iglesia señalando que la lucha por la independencia había comenzado…”, acontecimiento extraordinario que viabiliza el nacimiento de una nación: México. Por eso, la celebración del día de la independencia es “con la que veneramos la visión y el sacrificio del Padre Hidalgo, la convicción y sagacidad de Josefa Ortiz de Domínguez; el valor y la gallardía de Allende; el heroísmo y la servidumbre republicana de Morelos; el arrojo y lealtad a la Patria de Vicente Guerrero”.

Así, los rituales cívicos re-construyen los hechos históricos como acontecimientos “devocionales” y a los sujetos históricos como hombres “consagrados”. Estrategia ideológica del nacionalismo de estado que es la “Religión de la Patria”. Conmemorar para dominar es el moderno artificio, novedosa “liturgia” que instauran los mestizos liberales, quienes crearán y consolidarán al estado-nación mexicano durante los siglos XIX y XX.

Los rituales cívicos funcionan como políticas del pasado para alcanzar imaginariamente la unidad colectiva de los habitantes del país, así nace la idea de los mexicanos como constructo social homogéneo no obstante que sus integrantes se encuentran en situación de profunda desigualdad social y de diversidad cultural. No es casual que en las “fiestas patrias” la arenga oficial inicie con: ¡Mexicanos y mexicanas!, desdibujando ideológicamente a condición social. Grita un Presidente: “Hoy, ante la columna donde reposan los héroes que en 1810 iniciaron la lucha por la independencia, convoco a todos los mexicanos a avanzar hacia el futuro, fortaleciendo nuestra unidad, apoyándonos en nuestra identidad, y con la esperanza firme de que nuestros hijos vivirán un México siempre mejor”.

Poco a poco la “liturgia” liberal mestiza se fue imponiendo a través del absoluto dominio del evento conmemorativo, imponiendo/decretando la forma de la celebración: adornar calles, plazas, comercios, formando “juntas patrióticas”, emitiendo bandos de las actividades a realizar, erigiendo monumentos, imprimiendo libros, carteles, organizando desfiles militares y las más diversas actividades que hagan recordar la gesta fundacional de la nación; todo ello expresa el punto de vista del estado sobre el hecho histórico.

Sin embargo, el ritual cívico de Estado y su peculiar manera de reconfigurar la historia no es tan hegemónico, hay otras visiones sobre los hechos históricos y otras formas de conmemorar.

Algunas poblaciones campesinas elaboran complejos “simulacros” que son representaciones teatrales colectivas de la independencia nacional. Con financiamiento propio, personajes y hechos locales re-construyen la gesta independentista en los lugares del pueblo donde habitan.

Expresan con ello su decidida participación en la lucha por la independencia, intervención que la historia oficial olvida, pero ellos cíclicamente rememoran para pensarse en el presente.

Lo cierto es que para la mayoría de los “mexicanos”, el Día de la Independencia es de fiesta familiar. El sentido patriótico del ritual cívico se desquebraja, al menos fugazmente, en la intimidad del hogar con tequila y cerveza, cumbias, pozole, tostadas, pancita y tacos. La mercantilización le otorga otros sentidos al igual que su turistificación.

Hoy, el Día de la Independencia es una temporalidad de asueto, fiesta y simulación de emoción nacional; quizá eso explique la exclamación ¡Viva México Cabrones!

ERNESTO LICONA VALENCIA