Re-incidente

¿Estamos preparados para la era digital?

Según el informe Delors (1998), la necesidad de cambiar de modelo pedagógico tradicional para dar respuesta a los nuevos tiempos implica que el estudiante debe aprender a aprender, aprender a ser, aprender a hacer, aprender a convivir y, todo ello, con una actitud crítica, creativa y colaborativa.

En la futura sociedad del conocimiento debe buscarse que el alumno adquiera conocimientos útiles, capacidad de raciocinio, pensamiento crítico, aptitudes y valores. La concepción de la educación como simple transmisión y acumulación de información, debe ser superada en los centros educativos, en todos los niveles.

Vale la pena mencionar la siguiente frase de un profesor de Matemáticas, ya que es aplicable a lo que pasa actualmente en muchas áreas: “Hace décadas que se sugiere la metáfora del aprendiz como investigador, artífice y constructor del propio conocimiento. Esto en Educación Matemática se llama <Resolución de problemas>. En España, el marco legal está adaptado a esos planteamientos.

Sin embargo, ni en los profesores, ni en los libros de texto <hacer matemáticas> es todavía una realidad. En las escuelas e institutos, la  mayor parte del tiempo, la matemática se hace a base de memorizar y repetir, con pocas oportunidades para descubrir y construir.”(Luis Carlos Contreras González, profesor titular de la Universidad de Huelva).

Nuestro sistema educativo en general, y el superior sobretodo, deberían estar ya preparándose igualmente para la era digital. En países como Canadá, los Estados Unidos o Alemania, el uso de correo ordinario, tiendas minoristas y hasta centros comerciales, así como periódicos y directorios telefónicos impresos han perdido terreno de manera espectacular en los últimos años.

 Al mismo tiempo, el correo electrónico, las “redes sociales”, es decir, formas de comunicación digital han tenido un crecimiento exponencial. Cada industria tiene su propia trayectoria dentro de la era digital, y las universidades deberían por lo tanto buscar su nicho de existencia ante las nuevas estructuras y plataformas de funcionamiento.

Hay dos cifras que pueden ser ilustrativas de las tendencias que se encuentran ya en nuestro horizonte: a) en menos de un año, Coursera rebasó los 3 millones de estudiantes registrados (Incide Higher Ed); b) En poco menos de seis años, iTunesU alcanzó el billón de descargas de sus cursos (Apple web site).

Además del ya conocido problema del sobreendeudamiento de los estudiantes de las universidades estadounidenses, donde ya se han visto casos de endeudamiento que terminan prácticamente hasta el momento de la jubilación, está otro hecho alarmante: en 2010 el 48 % de los estudiantes graduados se encontraron también con el problema de estar colocados en empleos que en realidad no requerían el título universitario. Como diría una conocida canción mexicana: “… ¿Y todo para qué? ¿Todo para qué?”.

Así mismo, a pesar de la declinante demanda de graduados de universidad, también paradójicamente se registra una creciente demanda por la admisión en las facultades de las universidades e institutos tecnológicos de enseñanza superior. Esto quiere decir que “el mundo sin necesidad de empleos manuales y repetitivos” gracias a la expansión de la robótica, también está alcanzando el de los diplomas profesionales.

Para México, el escenario no es halagador toda vez que, siendo una de sus características estructurales la desconexión del sistema educativo del sistema productivo, y el no ser contemplado por el sector público para diagnosticar y contribuir a resolver los problemas sociales, económicos, políticos, etc. del país, la incógnita es mayor.

Los esquemas de planeación de la educación superior que deben prever escenarios prospectivos de inserción del aparato universitario en la era digital, tienen ante sí una responsabilidad histórica, un doble deber institucional y social.

Mariano E. Torres Bautista