Re-incidente

Odebrecht pega en los Pinos

La corrupción mexicana galopa franca, abiertamente, no obstante que la propaganda oficial nos diga que nuestro país va adelante en el empleo (sic desocupado), gana batallas contra la inequidad (sic que ya no le alcanza la lana para nada) y a favor de la seguridad (sic aterrado).

El magistrado Adalid Ambriz trajo nuevamente a colación el caso Tlatlaya. Y la violencia en la Ciudad de México se presenta enfrente de Bellas Artes. Mientras que las familias se truenan los dedos para conseguir dinero que alcance para útiles y uniformes escolares. Amén que las tarjetas bancarias elevan sus intereses debido a las deudas impagables.

Las transas en todos los órdenes no se castigan. Lo del famoso socavón no tiene fin. Más bien es echarse la bolita entre los miembros del Pacto por México. Graco Ramírez del PRD y Gerardo Ruiz Esparza del PRI. Los dos, a fin de cuentas serán protegidos, ya que son fieles a quien los alienta: Enrique Peña Nieto.

Y luego de la función escenográfica del PRI en la XXII Asamblea, la cual fue alabada por muchos informadores como la posibilidad que el PRI sea nuevamente la alternativa para la sociedad, repentinamente se vuelve a destapar el caso Odebrecht. Este apareció en abril de este año, pero el encargado de la PGR, Raúl Cervantes, le dio carpetazo y parecía que no se volvería a saber de su existencia, ya que se reservó para los siguientes cinco años.

Empero los periodistas de El Quinto Elemento Lab, encabezados por Alejandra Xanic e Ignacio Rodríguez Reyna (forman parte de ese notable grupo también Marcela Turati y Daniel Lizárraga), dieron a conocer a Proceso (número 2128) y Aristegui Noticias una investigación acerca de los sobornos que recibió Emilio Lozoya Austin, ex encargado de relaciones internacionales del PRI en la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto y, luego, director de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Mediante los testimonios de tres ejecutivos de la empresa brasileña: Luis Alberto Meneses, Luiz Mameri e Hilberto da Silva sabemos cómo fue la trama para que el muy cercano al Ejecutivo obtuviera, mediante paraísos fiscales, lo que llaman en portugués propinas por 10 millones de dólares.

Gracias a Lozoya, Odebrecht pudo lograr un contrato, entre otros, para readaptar la refinería de Tula, Hidalgo (más de 4 mil millones de pesos). Pero asimismo, hubo transacciones de dos plantas, Agronitrogenadas y Fertinal, en donde el consorcio mexicano erogó 11 mil millones de dólares, siendo una inversión tirada a la basura y que puso en riesgo de quiebra a la principal empresa de nuestro país en los últimos decenios.

El señor Lozoya, por cierto, compró aeronaves por 71.3 millones de dólares para la petrolera azteca. Además, utilizó 900 viajes en helicóptero en donde erogó 64 millones de pesos, sin que muchos de los destinos fueran para cuestiones de trabajo. Por si fuera poco, en 2012 adquirió una residencia a su nombre por 38 millones de pesos.

Es decir, estamos ante un caso de desorden físico y mental que no tiene parangón en los últimos años en el país. Algo que, seguramente, lo obligó a dejar Pemex, a donde enviaron a José Antonio González Anaya.

Pero el caso mayúsculo es el soborno de Odebrecht, ya que salpica necesariamente la campaña de Peña Nieto, pues los primeros millones de dólares recibidos se dieron en 2012. Desde luego que el INE y el TEPJF no vieron nada. Aunque ahora el encargado de la Fepade, Santiago Nieto, ha dicho que investigará el caso. Sabemos que resultará casi imposible que se sancione al Ejecutivo, pero debemos insistir en el asunto.

Tiene razón Emilio Álvarez Icaza de la organización Ahora, es necesario que renuncie el procurador Cervantes de la PGR, ya que no sólo defendió a Lozoya, sino que era responsable jurídico del PRI en la campaña presidencial de 2012 (Reforma, 15 de agosto). Pero lo que se necesita, como en otros países, es que exista una averiguación seria, imparcial, responsable con un fiscal independiente. De no hacerse, el descrédito del priismo llegará a los suelos.

Aunque, como anota Eduardo Buscaglia (Sin Embargo, ídem), seguramente con Lozoya privará la Omertá (ley del silencio y complicidad), en la cual están metidos funcionarios, delincuentes y empresarios de alto nivel, entre ellos muchos priistas.

¿Cuándo reventará el hilo de la corrupción?

JORGE MELÉNDEZ PRECIADO