Re-incidente

La internalización de la UAP

La internacionalización es uno de los ejes del Plan de Desarrollo Institucional de la UAP. Su propósito expresado “es consolidar y posicionar a la Máxima Casa de Estudios en Puebla en el ámbito mundial”. En este tenor se han realizado acercamientos (ya que no se ven posibilidades de llegar a más ante el desplome de los recursos públicos disponibles, ni con las cacareadas reformas del sexenio en turno) con la Universidad Estatal de San Petersburgo, Rusia y con el Instituto Tecnológico de Massachussets, Estados Unidos.

Estas acciones que recuerdan lo que una historiadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) ha denominado en uno de sus libros “El triángulo Imposible”.

¿Qué se puede esperar de la cooperación con un oso herido como la Rusia de Putin?; ¿y de la cercanía con los E.E. U.U.? Ésta siempre se ve como una ventaja, pero la historia contemporánea y nuestras cuentas nacionales nos recuerdan la frase atribuida a Porfirio Díaz: “Pobre de México, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de Dios” Esta política del triángulo imposible recuerda igualmente la táctica oficial de los años previos a la caída del muro de Berlín que buscaba convencer del ejercicio soberano de la política exterior mexicana.

Sin embargo, la estructura organizativa de la UAP que data de la década de los 90 hace que en cada unidad académica las modalidades de gestión, la calidad del profesorado, producción científica, etc., es decir, los indicadores que hacen las estadísticas oficiales y el perfil de calidad, dependan de una estructura autocrática, sin cuerpos colegiados de formación de cuadros y mediación propositiva.

Una cosa es real y perceptible para muchos: la gobernabilidad y conflictividad de las escuelas, facultades e institutos de la UAP es directamente proporcional a la currícula del profesorado.

En otras palabras, los indicadores reales de calidad académica y producción científica deberían depender de un profesorado comprometido y con trayectoria verificable, más que de la estructura autoritaria y del alineamiento poco confiable de los “leales” y sus estrategias para escalar en las categorías, lograr “puntajes” y todo el abanico de la simulación conocido por muchos.

Realizar convenios con universidades alemanas, estadounidenses o francesas para enviar estudiantes de ingenierías, administración o cualquier disciplina será un sin sentido si nunca ha habido una política seria de enseñanza de idiomas.

Es curioso que ante la importancia de las inversiones europeas en la economía poblana su Universidad más importante no refuerce este nicho de oportunidad que es uno de los motores de crecimiento de la entidad.

Se cuenta con una preparatoria “internacional” que, ante el interés de la embajada alemana por establecer un programa de asistentes para la enseñanza del alemán, extrañamente no ha dado seguimiento para concretar seriamente la iniciativa.

La universidad pública no debería ser un mero reflejo de los signos del subdesarrollo del país; tiene muchas tareas a emprender, entre otras ser palanca para su desarrollo y ser instrumento de transformación positiva y duradera de la realidad.

Mariano E. Torres