Re-incidente

¡Fuera máscaras!

La Revolución Mexicana arrancó como una disputa en las elites gobernantes ante la falta de reglas claras para renovar la sucesión presidencial de 1910. Francisco Bulnes (El Verdadero Díaz y la Revolución. UNAM, México, 1960) anotó que Porfirio Díaz tenía entonces 79 años de edad; que de los ocho miembros de su gabinete, dos tenían más de 80 años y el más joven, el Ministro de Hacienda desde 1893, José Ives Limantour, contaba con 57 años; que 17 de 20 gobernadores eran mayores de 60 años y que de éstos, 8 pasaban de los 70; que el ejército federal contaba con generales de 80 años, coroneles de 70 y capitanes de 60.

La renovación se hacía ineludible pero no había sido establecido cómo y quién. En 1908, Porfirio Díaz había dicho al periodista norteamericano James Creemlan: "Es un sentimiento natural en los pueblos democráticos el que sus dirigentes deban ser cambiados. Estoy de acuerdo con este sentimiento. He tratado de dejar la presidencia en muchas ocasiones, pero he tenido que permanecer en ella por la propia salud del pueblo que ha confiado en mí." Y prometió retirarse del poder al término del periodo gubernamental en 1910: "Daré la bienvenida a un partido de oposición, añadió. Si aparece lo veré como una bendición y no como un mal... He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado."

Agitó el avispero y, a pesar de sus palabras en contrario, tuvo que postularse nuevamente y neutralizar la pre-candidatura del general Bernardo Reyes para reunificar a sus huestes. Pero el empresario y político coahuilense Francisco I. Madero, le tomó la palabra y en el mismo 1908 publicó con mucho éxito La Sucesión Presidencial de 1910 donde postuló el lema "Sufragio Efectivo, No Reelección" que se convirtió en su bandera electoral en 1910 y, posteriormente, en lema del gobierno mexicano. Sin embargo, los políticos y gobernantes revolucionarios se encargaron inicialmente de sujetar el sufragio efectivo a lo que el general Gonzalo N. Santos llamó "elecciones pistoleriles" y, posteriormente, a la directa intervención del Poder Ejecutivo en la organización y calificación de los comicios lo cual hizo inverosímil la autenticidad de los sufragios supuestamente emitidos.

Sin embargo, tras los fuertes reacomodos políticos e institucionales derivados del asesinato del re-electo Álvaro Obregón, en Abril de 1933 se estableció en la Constitución no reelección inmediata de los legisladores.

A partir de entonces y durante los 83 años siguientes, nuestros diputados y senadores vivieron una mascarada antireeleccionista puesto que siguieron reeligiéndose pero "brincando" en lo inmediato a otra Cámara o a legislaturas locales antes de volver a su curul original. Unos ejemplos, entre decenas: Blas Chumacera Sánchez, líder vitalicio de la CTM-Puebla, fue 6 veces diputado federal y dos veces senador entre 1940 y 1994; total 30 años de dietas legislativas federales. Emilio Manuel González Parra, dirigente vitalicio de la CTM-Nayarit, de los 83 años que vivió, por 30 ocupó un escaño o una curul (cuatro veces diputado federal y tres veces senador) y además fue gobernador de su estado. Hilda Anderson Nevarez, también de la CTM, fue cinco veces diputada federal y una vez senadora; total, 21 años legislando. Carlos Jiménez Macías, secretario general del sindicato del ISSSTE, tres veces diputado federal y dos veces senador; total 21 años de dietas federales.

Ricardo García Cervantes, del PAN, además de funcionario en el gobierno de Baja California y sub-procurador en el PGR, ha sido 4 veces diputado federal y una vez senador; total: 18 años de representante. Héctor Larios Córdova, panista sonorense, dos veces diputado federal y dos veces senador; total, 18 años en la Cámaras, además de que fue secretario de Gobierno de Sonora. Pablo Gómez Álvarez, del PC-PSUM-PMS-PRD, además de asambleísta del DF, ha sido 4 veces diputado federal y una vez senador: total, 18 años. Del PRD también, Cristóbal Arias Solís, Jesús Ortega Martínez y Alejandro Encinas Rodríguez, a la fecha han sido, cada uno de ellos, por 15 años legisladores federales. Tras ellos, un grupo de 22 perredistas han ocupado por 12 años curul y escaño. Del Partido Verde, Jorge Emilio González Martínez "el niño", a sus 43 años de edad, reunía 15 como legislador federal. ¡Basta ya!, dijeron en el Pacto por México, retomemos la reelección continua. "Hacen falta legisladores con experiencia y profesionales", argumentaron, como si los cientos de diputados y senadores que han sido "representantes populares" varias veces en las 9 últimas décadas, no existieran.

"...de los 10,047 legisladores federales ---8,895 diputados y 1,1152 senadores--- electos para conformar las 28 legislaturas que cubren el ciclo de prohibición parlamentaria continua (1934-2018), fueron reelectos 1,493 (14.86%) entre una y siete veces", puntualiza Esteban David Rodríguez en su notable estudio Los Dueños del Congreso Planeta, México, 2015) "La reelección continua obligará a los legisladores— abundaron—, a mejorar su rendimiento y calificación porque tendrán que rendir buenas cuentas a sus electores si pretender seguir... enriquecerá el debate plural y la competencia democrática." Pero eso es no será realidad en lo que se refiere a la elección por representación proporcional: basta con aparecer en un buen lugar de la lista para alcanzar un escaño o una curul.

Es falso que no haya consensos en las elites gobernantes de este México dividido y fracturado. Nuestros políticos de izquierda, derecha y centro, sean verdes, rojos, amarillos o azules, estén arriba, abajo, a un lado, adelante o atrás, concuerdan en este tema. Ya lo dijo un clásico ("el Tlacuache"): "Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error".

ENRIQUE CONDÉS