Re-incidente

El desempleo del recién egresado

Los jóvenes enfrentan peores condiciones laborales que los adultos porque carecen de información, redes y conexiones; además de que les faltan habilidades para el trabajo.

Diferentes fuentes coinciden con el mismo dictamen: la economía mexicana terminó el año 2013 con un nada halagüeño estado de recesión. Lo peor de todo es que las “reformas necesarias para la economía y sociedad mexicanas”, implementadas en 2014, resultaron un tiro por la culata: lejos de fortalecer la dinámica económica o abrirle nuevas perspectivas han más que prolongado, han profundizado el perfil recesivo de los indicadores.

Todos los análisis coinciden, dígitos menos dígitos más, fracciones menos, fracciones más, en que la economía mexicana está en un estado recesivo que ya parece crónico. Ninguna receta neoliberal ha sido convincente ni mucho menos efectiva.

Ahora bien, ¿cómo se traduce esto en términos de las expectativas de vida de la población? Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México actualmente hay 6.9 millones de jóvenes entre 15 y 29 años que ni estudian ni trabajan, es la muy conocida generación de los “ninis”.

La pregunta obligada es: ¿se puede revertir esta tendencia en el corto y mediano plazos? Evidentemente, se necesita algo más que un secretario del gabinete de uno de los gobiernos mexicanos más impopulares, totalmente carente de credibilidad, que salga a hacer declaraciones ante un público siempre escéptico ante la ausencia de resultados tangibles en la economía nacional y sobre todo la familiar.

La conocida firma de empleos Manpower expresó hace tiempo una realidad que parece que no da signos de revertirse: “Los jóvenes enfrentan las peores condiciones al carecer de contactos y experiencia; la tendencia de desempleo en jóvenes continuará en los países emergentes”.

Peor aún es lo que declaró Lorena Escobar, directora de Reclutamiento Estratégico y Vinculación Académica de esa agencia: “Por falta de capacitación para los negocios y la desvinculación con los sectores más productivos del país, los jóvenes mexicanos corren el riesgo de no encontrar trabajo al egresar de una carrera universitaria”.

De acuerdo con el análisis de Lorena Escobar, los jóvenes enfrentan peores condiciones laborales que los adultos porque carecen de información, redes y conexiones; además de que les faltan habilidades para el trabajo; no cuentan con experiencia ni certificaciones y no buscan empleo desde que están estudiando.

En México se gradúan de licenciatura en promedio 600 mil jóvenes al año, por lo que la transformación real de ese escenario implica crear la friolera de un millón de empleos anualmente.

El último reporte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la juventud del mundo señala en 75,8 millones el número de jóvenes desempleados.

La UNESCO por su parte indica una tasa de desempleo juvenil a nivel global de 12.6 por ciento en 2013. En tanto, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte... ¡No!, por favor, mejor hasta aquí las cifras desalentadoras.

La cuestión central entonces es que las universidades deben vincular sus carreras con el sector productivo para dejar de producir generaciones de jóvenes desempleados. ¿Fácil, no?

Una cuestión simplemente de alta responsabilidad social, más allá de los intereses de pasillo y de la práctica de someter al país a vaivenes sexenales, en lugar de fortalecer la universidad pública.

Mariano E. Torres