Re-incidente

Los cuatro humores

La eliminación de los “humores” por el organismo puede observarse durante la enfermedad, y la afección desaparece después de alcanzar la crisis con expulsión de uno de los humores.

Desde la época de Hipócrates se había desarrollado un sistema con el cual se interpretaba el mecanismo de producción de las enfermedades, basado en la teoría de los cuatro humores. Hipócrates de Cos, médico de la Antigua Grecia considerado como el padre de la medicina, analizando una muestra de sangre descubrió que la parte roja de la sangre fresca era muy líquida, las partículas blancas de material mezcladas con la sangre eran lo que él denominó flemas, la espuma amarilla lo clasificó como Bilis Amarilla y la parte más densa la procesó con el nombre como Bilis Negra.

Esta teoría partía de la idea de que el Universo está formado por cuatro elementos básicos: agua, aire, fuego y tierra. Cada uno de ellos caracterizado por una cualidad específica: humedad, sequedad, calor y frío, respectivamente. El principio médico básico fue la teoría según la cual "todos los fluidos orgánicos están compuestos, en proporción variable, por sangre (caliente y húmeda), flema (fría y húmeda), bilis amarilla (caliente y seca) y bilis negra (fría y seca)". Si estos "humores" se encuentran en equilibrio el cuerpo goza de salud, pero el exceso o defecto de alguno de ellos produce la enfermedad.

La eliminación de los "humores" por el organismo puede observarse durante la enfermedad (sangre, flema o moco de la nariz, vómitos, materias fecales, orina y sudor), y la afección normalmente desaparece después de alcanzar la crisis con expulsión de uno de los humores.

Según la proporción de los cuatro humores en cada individuo, a éstos se les clasificaba como: flemáticos, melancólicos, coléricos o sanguíneos. De tal forma que aquellos individuos con mucha flema eran calmados (equilibrados), aquellos con mucha bilis negra eran melancólicos (apáticos, tristes), aquellos con mucha bilis amarilla eran coléricos (irascibles, violentos) y aquellos con mucha sangre eran sociables (emocionales).

La teoría de los cuatro humores fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano desde el siglo V a. C., hasta la llegada de la medicina moderna a mediados del siglo XIX. Uno de estos humores -la melancolía (del griego melán, negro; jole, hiel, bilis)—, pasó a convertirse en sinónimo de tristeza y es uno de los trastornos más antiguos de los que se tiene constancia, mucho antes del nacimiento de la psiquiatría, ya que es conocida y catalogada por los principales tratados médicos de la Antigüedad.

El origen del término melancolía se encuentra en Hipócrates y se mantiene en el Renacimiento, y es hasta el año 1725 que Richard Blackmore, médico de Guillermo III de Inglaterra, rebautiza ese mal con el término vigente de depresión (del latín depressus, opresión, encogimiento, abatimiento, derribado). Robert Whytt, en 1764, relaciona depresión mental con espíritu bajo, hipocondría y melancolía.

Wilhem Griesinger empleó por primera vez el término estados de depresión mental como sinónimo de melancolía. Adolf Meyer propuso abandonar el término melancolía y sustituirlo por el de depresión. El término médico depresión hace referencia "a un conjunto de síntomas que afectan a la esfera afectiva: la tristeza patológica, el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida.

La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y personales, desde la incapacidad laboral hasta el suicidio". Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es una crisis global, es el trastorno mental que afecta a más de 350 millones de personas en el mundo y es una de las principales causas de discapacidad.

En América Latina y el Caribe afecta al 5% de la población adulta, en el peor de los casos puede llevar al suicidio. Casi un millón de personas se quitan la vida cada año en el mundo. En las Américas son alrededor de 63 000.

Es por ello que lo ocurrido con el actor Robin Williams, ganador de un Óscar y cinco globos de oro, el cual sufría de depresión, no debe sorprendernos. Son varios los artistas que han confesado recientemente su depresión, tales como Jim Carrey, Catherine Zeta-Jones, Mel Gibson y Demi Lovato, lo que ha detonado la alarma en el medio artístico sobre esta importante enferemedad.

JORGE A. RODRÍGUEZ Y MORGADO