Re-incidente

Entre el cólera y la gonorrea

¿Ejemplos? La tendencia a la concentración de la riqueza en una proporción minoritaria de la población mundial y al deterioro de los ingresos de la mayor parte de los seres humanos. Según estudios sociológicos recientes, esta tendencia es producto de la creciente robotización de los procesos productivos donde los empleos manuales son rápidamente sustituidos por robots de manera que no hay redistribución de beneficios; un aparentemente peligroso círculo vicioso. ¿Hacia dónde llevará esta tendencia? El escenario más espeluznante es el de grandes corporaciones concentrando ganancias mientras la clase política de la era neoliberal mantiene su hipócrita diatriba acerca de la necesidad de "liberalizar las fuerzas del mercado" y disminuir los gravámenes a las empresas para que éstas continúen invirtiendo, generando mayores bienes, servicios y empleos. ¿Pero cuáles?

Mientras no se atiendan las necesidades de la mayoría de la población mundial con esquemas que redistribuyan la riqueza, se llegará al escenario retratado en el film Elysium de un planeta tierra sobrepoblado y contaminado cuyos potentados encontraron como solución vivir en un satélite donde pueden mantener su estilo de vida. Sin las reformas que permitan la re-humanización del planeta, las consecuencias parecen apocalípticas.

Otro ejemplo lo tenemos con el problema de la transición energética que, tal y como anhelaban las élites de todo el mundo ante la prodigiosa revolución industrial, actualmente no sólo es deseable sino ineludible. Solo las innovaciones tecnológicas harán posible las soluciones necesarias a cada problema: la sustitución del parque de automotores de combustión interna, ligada a la transición energética y al desarrollo de la movilidad inteligente por ejemplo. Pero ¡oh decepción! Las directrices presupuestarias tendientes a disminuir el papel del Estado son aplicadas en países análogos y disímbolos.

Tanto en México como en Argentina y Brasil se han aplicado recortes a sus respectivos centros universitarios y a su desarrollo científico y tecnológico, como si la probada inoperancia de empresas privadas en sectores estratégicos fuese una lección nunca aprendida. La reciente campaña electoral en la mayor economía del mundo parece dejar como alternativa escoger entre la gonorrea o el cólera, según afirmó Julian Assange. El que un candidato exprese que sólo respetará los resultados si le dan la victoria o su oponente no tenga más recurso que recurrir a figuras de la farándula para reunir público en los mítines, recuerda a candidatos como el Cuau o la corcholata ante la ausencia de cuadros políticos de calidad.

Lo triste de ese proceso es menos un mal coyuntural que el producto de toda una tendencia: la futilidad de los aparatos de Estado ante el desmedido poder de las corporaciones. Lo peor es que las decisiones que tome un tan confundido electorado afectarán no solo a quienes ahí habitan, sino a la mayor parte del orbe.

Los otros grandes poderes como la Unión Europea se ven asediados. El gran oso herido tampoco aparece como una alternativa sino más bien como un coloso que lucha por mantenerse en pie mientras se ve ocupado por tareas defensivas y el manejo de posiciones estratégicas en un viaje a la deriva. Los militares chinos utilizan su Estado soberano para continuar el frenesí modernizador de su sociedad predominantemente rural pero, siguiendo sin más, el perfil de las mercancías con las que llenan los supermercados del mundo: realizando copias baratas pero de mala calidad y peor durabilidad.

Sin re-direccionar la tendencia actual la llegada de los 4 jinetes del Apocalipsis se ve cada vez más cercana.

MARIANO E. TORRES