Re-incidente

Revueltas o el tonto de la colina

Revueltas fue para mi generación un referente, un punto central en el proceso de organización de una izquierda independiente, probablemente la primera izquierda independiente en la historia nacional desde la muerte de Ricardo Flores Magón.

Revueltas nos enseñó que no había medias tintas en el papel político de una organización y que se era de oposición o no era real. Por ello suscribíamos su tesis de que no había una organización verdaderamente representativa de los intereses históricos de los trabajadores en México.

Revueltas era la personificación de esa tesis. Pero, primero debo referirme a la cotidianidad de José, pues los personajes históricos a veces son rescatados por sus ideas y sus contribuciones, y me parece que también su forma de ser, su actitud y su temperamento tienen mucho que ver con el papel que desempeñan y con la trascendencia de su obra.

Como persona, José me parecía el ser más derecho, más transparente. Un individuo que pensaba siempre fiel a sí mismo, fiel a una serie de principios e ideales que aquella generación, de la que formamos parte, tenía como algo inamovible y fundamental. Principios que normaban nuestra conducta e ideales determinando toda nuestra actividad, sin que midiéramos los costos.

En aquellos tiempos difíciles, asumir esa consecuencia con determinación requería fuertes convicciones y una ética sólida, pues pensar de una determinada manera invocaba la represión, conducía al ostracismo, a la condena, quizá la cárcel y la muerte.

Y aún así, Revueltas era un hombre de una pieza. Creo que en estos tiempos en que tenemos personajes que han transitado por tres o cuatro o cinco partidos, muchas veces sin consecuencia ideológica o relación doctrinaria, esa manera de comportamiento debe significar algo.

También debo decir que Revueltas podía ser amigo, un amigo que no tenía límites en su solidaridad, tan escasa en nuestros días. Él era un hombre atento a las inquietudes de los jóvenes y las alimentaba, las orientaba para que se convirtieran en convicciones.

Las apoyaba con su experiencia, las compartía con su entusiasmo y las complementaba con sus enseñanzas, acompañándonos horas para que pudiéramos entender lo que le parecía importante de la situación de México y del mundo.

Era un hombre extrañamente modesto, su ejemplo era de sencillez, como si saber todo lo que sabía lo comprometiera con la humildad, buscando siempre ser accesible y participando de las tareas más simples.

En los hechos, la práctica, aunque no buscara posición alguna de privilegio, su capacidad lo colocaba siempre en el centro o al frente. Pero nunca buscó el poder. Buscó siempre ser uno más y construir una dirección colectiva. Eso era Revueltas en lo personal.

A Revueltas le tocó vivir una época de nuestro país en la que los más honrados eran despreciados como los más tontos; en la que los más consecuentes eran hechos a un lado por no aprender a ser oportunistas; en la que cuando se era consecuente y se era principista y se era incapaz de ceder en una convicción, la cárcel o la muerte se asomaban. El rechazo, repetido y mezquino que Revueltas experimentó en cada agrupación en la que militó o fue creando, es uno de los motivos de su literatura, pero también uno de los motivos de su reflexión filosófica y de su inspiración política.

Su obra literaria es una obra de propuesta social y política. A veces de una manera explícita, como en sus textos propiamente políticos en los que llama a emprender tareas concretas, y a veces de una manera literaria, como lo es en Los errores, que es una crítica de la situación interna de los partidos comunistas, o en la novela Los días terrenales.

También es José un autor pesimista. Como escritor, lo era de lo terrible. Por ejemplo, El Apando, tan celebrado, a mí no me gusta, no me gusta nada, porque yo viví ese periodo con él, el periodo en el que redactó esta obra, y conocí a los personajes, los conocí muy bien, y me parece que José retrataba en esa etapa de su vida la parte negativa, la parte desgraciada, la parte terrible de los personajes.

Había dejado de tener la ilusión o la voluntad de encontrar también los elementos humanos que, a pesar de todo, seguían presentes y se conservaban en cada uno de ellos, aunque fueran  criminales.

Creo que, para esta generación de jóvenes que conocen poco la historia de México y que han sido tan bombardeados por la ideología oficial y por esta falsa izquierda que hoy ocupa el escenario de la política, volver a las fuentes y volver a Revueltas, fundador del espartaquismo, es algo necesario.

Mario Rechy Montiel