Re-incidente

¡Manos arriba! Esta tarifa es un asalto

Efectivamente, Pelé se refería a la ceremonia, en la playa de Copacabana de Río de Janeiro, en donde, junto con Jérôme Valcke, secretario general de la FIFA y Jean-Claude Biver, director ejecutivo de Hublot, la marca de relojes de lujo suiza, muy relacionada en esta última época al patrocinio de eventos deportivos de primera categoría y que en la actualidad ostenta el hecho de elaborar el reloj más caro del mundo, el Big Bang 5 Million, se develó el reloj oficial que desde ese día marca la cuenta regresiva para la Copa del Mundo de 2014, a celebrarse en la nación brasileña.

Este reloj, dice la casa de relojes suiza, fue el último proyecto que dirigió Oscar Niemeyer… y quizá ninguno de los asistentes se diera cuenta, pero es posible que el espíritu ateo y comunista de Niemeyer todavía los haya acompañado en esa sencilla ceremonia. Tres días después estaba ya programado el inicio de la Copa Confederaciones, un torneo que reúne a los campeones de las seis confederaciones de la FIFA, más la selección campeona del mundo y que sirve como ensayo para el evento, de mucha mayor envergadura, que se celebra un año después.

Los festejos, sin embargo, habían comenzado antes: el alcalde de São Paulo, Fernando Haddad, había anunciado, tan solo unos días después de haber asumido el cargo, en enero de este año, que las tarifas del transporte público de la ciudad subirían de 3 a 3.20 reales a partir del mes de junio… y esa fue la gota que derramó el vaso.

Por supuesto, los reclamos del movimiento ciudadano son varios y van desde el rechazo al exótico proyecto de ley presentado por el diputado y pastor evangélico João Campos, ya conocido popularmente en las calles como “Cura Gay”, el cual eliminó una resolución del Consejo Federal de Psicología que prohibía a los psicólogos intentar como una posible cura el cambiar la orientación sexual de sus pacientes homosexuales… y llegan hasta los suntuosos gastos públicos que se han hecho para financiar la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, cuando bien podrían destinarse estos recursos a otras áreas, como salud y educación, mucho más prioritarias.

Sin embargo, es debido a la inercia, la torpeza y la ceguera de la clase política, que la ciudadanía se ve obligada a repensar los esquemas de convivencia social ya establecidos y, a través de la creatividad (y de un poco del hoy tan escaso sentido común), formular para sí otras propuestas para salir de la crisis social en la que vivimos.

Es justamente ahí donde queremos detenernos, en el movimiento social que comienza con las protestas, el Movimiento Pase Libre y la demanda que promueven: la idea de que el transporte público debe ser gratuito.

En su página web puede leerse lo siguiente: “La Tarifa Cero es el medio más práctico y eficaz para garantizar el derecho de ir y venir a toda la población en las ciudades. [...] Para garantizar que toda la población pueda gozar de estos derechos, el transporte tiene que ser público y gratuito”.

“La Tarifa Cero debe concretarse a través de un Fondo de Transportes, que recaudará fondos en una escala progresiva, es decir, los que pueden pagar más, pagan más, los que pueden pagar menos, pagan menos y los que no pueden pagar, no pagan”.

Hasta cierto punto hay que reconocer la sensibilidad del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, quien después de haber respondido en los primeros días con la represión, el 21 de junio dirigió un mensaje a la nación manifestando su disposición a comenzar una amplia reforma política y llamando al diálogo a los movimientos y organizaciones sociales.

Como resultado de esta disposición, entre otras cosas, se redujeron los precios del transporte público y el Congreso aprobó la criminalización de la corrupción y el desfalco del presupuesto público con mayores castigos.

Es por ello que, ya fuera de los reflectores de medios nacionales e internacionales, el movimiento sigue promoviendo, por ejemplo, en São Paulo, la ciudad más grande de Brasil, una campaña para que se pueda presentar, con un 5% de firmas del electorado de la ciudad (aproximadamente 500 mil personas), un proyecto de ley de iniciativa popular en la Cámara municipal, con el que se pretende que se elimine el cobro de la tarifa en los autobuses municipales, para que de esa manera se puedan asegurar todos los otros derechos sociales.

Mientras tanto, la pregunta que desde aquí nos surge es: ¿se puede colocar en la agenda de la sociedad mexicana la discusión sobre un transporte público gratuito? .

Carlos F. Diez Sánchez