Re-incidente

¿“Intencionalmente pobres”?

Hace casi dos años, en octubre del 2013, Susan Aves escribió una pequeña reflexión sobre una tendencia, que por sus dimensiones se considera ya un fenómeno social: los intencionalmente “pobres”.

La reflexión apunta en contra de la loca vida del mundo urbano contemporáneo que anhela “la vida simple” de vez en cuando; algo tranquilo, sin preocupaciones y sin complicaciones, que te permite vivir exactamente cómo quieres vivir, con lo indispensable pero feliz: ninguna hipoteca, sin tarjetas de crédito, sin conmutar, sin jefe y, al parecer, disfrutando de la vida. Esta contracorriente en realidad no es nueva, más bien parece una reedición de los fabulosos sesenta y el movimiento hippie después del boom económico de la posguerra; luego vino la moda sicodélica para culminar con la corriente “New Ages” de los 90. Entonces, miramos alrededor de nuestra área de trabajo y volvemos a la rutina porque hay cuentas que pagar, familia que mantener, etc.

Otra cosa que nos hace volver a la realidad es recordar que el cuantioso excedente económico de un país como México deja el territorio por su condición de cuasi protectorado estadounidense, lo que implica que aquí no hay los “intencionalmente pobres” sino grandes capas de la población que subsisten en un esquema de vida que recuerda las economías de la industrialización, niveles de bienestar y educación fallidos.

Por otra parte, los que viven en la pobreza porque no tienen otra opción no pueden entender por qué algunas personas privilegiadas llegan a renunciar al dinero y la comodidad, “especialmente si usted creció anhelando de estas cosas.”

Sin embargo, lo peor de la sociedad mexicana está todavía por venir. El secretario de Hacienda lo expuso cínicamente al inicio del actual sexenio: quieren un país de bajo nivel de ingresos para la mayoría, sin clase media, “que sólo critica y no actúa como los pobres que con cada migaja que les dan aplauden a la clase política”. No es ser catastrofista, simplemente hay que ver hasta las estadísticas mejor maquilladas, la tendencia mundial de aumento de los grados de “violencia legal hasta en países considerados democráticos” como E.U., Reino Unido, etc.; ya no se diga de países a los que se nos ha inyectado inseguridad, aún antes de la “guerra al narcotráfico” y que hemos pasado del esquema weberiano al de la necropolítica como forma de gobierno. ¿Y qué decir del crecimiento del desempleo y del deterioro del salario real, es decir, del poder adquisitivo del salario, también una tendencia mundial?

Los académicos y todo el sector educativo no estamos exentos. ¿Por qué no se jubilan los profesores en México al cumplir años de servicio o la edad legal para hacerlo, es decir, a los 65 años de edad? Pregúntele a cualquiera. Sin el esquema de la zanahoria de las compensaciones, las becas del SNI, etc., el ingreso es irrisorio. ¿Y qué decir de los profesores del nivel básico ahora en conflicto? Gente como el secretario de Educación que no sabe nada de la materia, impone más presiones a los docentes, que en nuestro país ganan menos que un policía callejero, que a duras penas terminó la secundaria.

Utilizar las medidas coercitivas para seguir escamoteando la distribución de la riqueza y el esquema de control anterior a la modernización, equivalente a la negación de facilidades para el desarrollo pleno de cada ser humano, recuerda tristemente las tendencias posteriores a la gran depresión de 1929-1933, es decir, la fascistización de los gobiernos de toda Europa, no sólo de Italia y Alemania; la escalada gradual de la violencia y la demagogia; poco perceptible en la vida cotidiana pero de consecuencias desastrosas cuando las cosas llegaron a límites intolerables hasta para los esquemas de gobierno más “liberales”.

Mariano  Torres