Re-incidente

Indígenas en la Ciudad de Puebla

La ciudad es el encuentro de varias historias: globales y locales, modernas y tradicionales; la ciudad es el gesto simbólico de sus habitantes. La ciudad es un calidoscopio multicultural y de desigualdad social, y son los indígenas los menos favorecidos que habitan la ciudad de Puebla. En el estado de Puebla –quinto lugar nacional en población indígena- habitan alrededor de 500 mil personas que pertenecen a siete grupos étnicos cuya dinámica demográfica es de alta natalidad, elevada mortalidad infantil, grave marginación y emigración de sus comunidades. Cada año la ciudad de Puebla recibe a indígenas que emigran para buscar mejores condiciones de vida, se insertan en la economía “informal”, viven en cuartos de vecindad, mendigan, venden artesanías o deciden residir en zonas conurbadas sin servicios urbanos. Según la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), habitan alrededor de 40 mil indígenas en la ciudad de Puebla.

Aunque no hay estudios amplios sobre la presencia indígena en la ciudad, hemos podido notar algunos asentamientos, por ejemplo en la parte nor-oriente vive población indígena que proviene de diferentes sitios del estado. En Morillotla, San Andrés Cholula -municipio conurbado- también hemos advertido a un conjunto de indígenas que alquilaron un lote baldío donde han construido cuartos de cartón y en uno de ellos las mujeres venden tortillas hechas a mano y los días domingo toda la familia se incorpora a la elaboración y entrega a domicilio de dicho producto. En el barrio de Analco viven varias familias indígenas que se dedican a pedir “limosna” en el centro histórico de la ciudad, alquilan un lugar sin muebles, sin baño, solo el cuarto a cinco pesos diarios por persona. Estas familias pueden obtener en un día ingresos de 50 a 300 pesos por lo que prefieren la mendicidad que pedir trabajo. También, en la colonia Castillotla se asientan indígenas procedentes de Veracruz.

La mayoría de la población indígena pertenece a las etnias otomí, náhuatl, totonaca, popoloca, mixteca y mazateca que sobreviven por los lazos afectivos y de paisanazgo. Los indígenas nunca llegan solos, siempre vienen con un “contacto” que es regularmente un pariente, muchas veces se instalan con un primo, hermano o suegro y a partir de los lazos familiares empiezan a buscar trabajo y un lugar donde vivir. La familia es la organización social principal para sobrevivir en la ciudad. Todos los miembros de ella se incorporan al trabajo remunerado e incluso la madre, cuando se requiere, se incorpora como asalariada o contribuye al gasto familiar con un negocio propio.

Los indígenas se insertan en los sectores de trabajo menos dinámicos de la economía urbana. Por ejemplo, sobresalen las mujeres que están trabajando en el servicio doméstico y en la venta de artesanías; los hombres se incorporan principalmente como peones en la industria de la construcción. Algunos otros, los menos, han logrado consolidar un negocio a partir de un oficio como la carpintería, la herrería o un lugar para dar lustre al calzado.

Los indígenas normalmente no hablan su lengua en la ciudad por temor, vergüenza u obstáculo para el trabajo urbano. Conciben a la lengua “materna” como un impedimento para su “progreso” en la ciudad. Hablan su lengua solamente en el seno familiar, únicamente con los suyos y normalmente a los niños les enseñan español y no otra lengua.

En el conjunto se pueden identificar tres tipos de indígenas que habitan, a su manera, la ciudad: a) indígenas que han decidido vivir en ella; b) indígenas que combinan estancias en la ciudad con el lugar de origen e c) indígenas de paso por la ciudad.

El primer grupo son personas que tienen viviendo de 6 a 25 años en alguna colonia de la ciudad y han tenido que incorporarse al mercado laboral urbano.

El segundo grupo, tiene todavía tierras y las trabaja en el lugar de origen, sus integrantes fundamentalmente permanecen uno o dos meses en la ciudad para vender, por ejemplo, el café que cultivaron, otros venden artesanías como máscaras que compran en otros pueblos y las revenden en la ciudad de Puebla.

El tercer caso, llegan a la ciudad por días y principalmente a vender o realizar un negocio, este grupo tiene su lugar de residencia en el pueblo o localidad de origen. Lo cierto es que en la ciudad de Puebla, la presencia indígena se invisibiliza principalmente por dos razones: 1) Por el origen español y criollo de la ciudad.

De todos es conocido que dentro de las principales discursividades fundacionales de la ciudad subraya que fue fundada por y para españoles, destacando el “barroco poblano” como un logro urbano cultural que niega todo tipo de presencia indígena en la definición actual de la urbe, a pesar de la existencia usual de indígenas, no solo de los procedentes del interior del estado, sino de los habitantes de los pueblos nahuas que forman parte de la misma. 2) Los indígenas viven la ciudad desde la marginalidad y desde una etnicidad restringida al espacio familiar, una etnicidad que continuamente es negada en el espacio urbano y por otros grupos socioculturales. Como apunta Eduardo Nivón, “las etnias, lejos de colocarse ante los grupos mayoritarios como sujetos de derechos culturales, con frecuencia se subordinan, no sin razones de orden práctico, a las políticas dominantes” (1999; 129).

Ernesto Licona